El Fantasma de Barracas “La leyenda de Felicitas Guerrero”

En 1872 la joven Felicitas fue asesinada, era considerada una de las mujeres más hermosas de la época. En el lugar donde la mataron, edificaron una iglesia para su eterno descanso, según cuenta la leyenda su espíritu aparece…

La leyenda cuenta que la joven y bella Felicitas Guerrero de Alzaga se aparece vestida de blanco, que se la ve con lo que queda de un viejo vestido de época, otros dicen que en realidad es una túnica mortuoria más acorde con sus desgracias, Felicitas no hizo honor a su nombre, en su vida no fue feliz, ya que la tragedia parecía seguirla, muchos de los que dicen haber visto su espíritu dice que lloraba desconsoladamente.

Los cronistas, la belleza y el dinero no fueron suficientes para otorgarle la felicidad a esta famosa mujer de la sociedad de 1830, quien  fue casada por sus padres a los 16 años, en un matrimonio arreglado, con un hombre que le llevaba tres décadas, pero que era el más rico de toda la nación: don Martín de Alzaga.

Felicitas, como la han conocido generaciones de bonarenses, no se rehusó y aceptó su nueva posición como esposa de Alzaga.

Felicitas Guerrero de Alzaga fue una viuda joven, rica y hermosa, pero una maldición hizo que su alma jamás descansara en paz.

Cuentan que empezó a aparecerse en los años 1930, y que cada 30 de enero vuelve a pasearse sin remordimientos por la iglesia que lleva su nombre y que desde siempre carga con su leyenda y su espanto. Un templo con muchas historias, en donde nadie quiere casarse. Como todos los fantasmas, ella también tiene un origen trágico, reconstruido una y otra vez, durante años; Felicitas Guerrero era preciosa aunque desgraciada, a los 15 años se casó con Martín de Alzaga, que le doblaba la edad, y con él tuvo dos hijos, uno murió a los seis años y otro nació sin vida. A los 26 años, ella ya había enviudado. La leyenda narra que a pesar de su belleza y de una fortuna incalculable, quedó rodeada de muerte. Luego del luto por perder a su familia, esposo e hijos, comienza a asistir a diversas fiestas de la sociedad; era famosa no sólo por su belleza, sino también por su dulzura y buen carácter por lo que los pretendientes le sobraban. En una de esas fiestas conoce a Enrique Ocampo (tío de Victoria) que le declara su amor; comenzó a acosarla y perseguirla y a Felicitas que en un principio se había sentido atraída, ya le estaba resultando molesta su presencia. Enrique prometió transformarse en su sombra….

Los galanes de la alta sociedad no tardaron en festejarla, en querer conquistarla por su belleza y su fortuna. Comentan que ella eligió a uno entre tantos, y quien otro desesperado, otro de sus pretendientes la asesinó porque ella lo despreció, el hombre envuelto en ira le hecho una maldición, “Te daré una y mil veces la muerte” prometió Enrique Ocampo, una sola bala resultó suficiente para acabar con la vida de la joven mujer, un 30 de enero, ella muere en brazos de sus padres. Estos, que habían heredado todos los bienes de Felicitas ya que no tenía descendientes, optaron por mandar a construir una Iglesia en el mismo lugar donde su hija había fallecido, para recordarla; la placa dice: “Capilla de Santa Felicitas. Fundada el 30 de enero de 1879 por Carlos J. Guerrero y Felicitas C. de Guerrero en memoria de su hija Felicitas G. de Alzaga”. Dato agregado por Claudio de Corrientes: “ sabían que Felicitas tenía una ´´nanna´´ negra que la crío y que al morir su ama enloqueció y , según la historia, fue la que primero vio el fantasma”

Aseguran que la maldición del pretendiente aún le impide descansar en paz, que el fantasma de Felicitas vive ahí y que incluso a veces la escucha llorar, asegura que hay quienes juran escuchar campanas que se agitan solas o haber sido testigos de tragedias y amores rotos, y que varias parejas evitan dar el sí en esa iglesia donde actualmente es custodiada por decenas de gatos. Otros relatan que hubo novios y novias que se arrojaron desde su torre.

Pero también algunos aseguran que las rejas, en cambio, les devuelven a los amantes despechados su amor para siempre, sólo deberán ir hasta la entrada y atar un pañuelo blanco en cualquiera de sus barrotes que cercan la iglesia, y pedir que el amor llegue a sus vidas o pedir que regrese el amor perdido, (aunque el cura encargado de la iglesia asegura que es frecuente encontrar ropa interior atada).

En el barrio prefieren mantener viva la leyenda. Algunos aventuran que el cuerpo de Felicitas busca descanso eterno en el cementerio de Recoleta. Otros sostienen que está enterrado en la iglesia que, además, le da lugar al mito. Lo cierto es que cada 30 de enero, los más desdichados siguen dejando pañuelos o cintas blancas atados en sus rejas, como ofrendas de amor y sus pedidos son concedidos. No les importa lo demás, si aparecen mojados, con lágrimas de Felicitas, habrá deseos cumplidos y el amor por fin llegará. Y será para siempre.

No paso mucho tiempo para que la historia del fantasma de felicitas fuera desparramada por quienes intentaron contraer matrimonio en esta iglesia levantada donde fue el sangriento asesinato de la joven viuda, muchos afirman haberla visto cada 30 de enero fecha de su asesinato, llorando y gritando desconsoladamente detrás de la rejas de la iglesia, pidiendo ayuda o cada noche de tormenta, puede oírse el sonido de las campanas.

La estatua de felicitas

Hay algo más allá de esta trágica historia, dicen que cada persona que osa tocar la excepcional estatua que representa a Felicitas junto a su difundo hijo Felix, se llena de desgracias, A pesar de ser una hermosa iglesia, es la menos elegida para casamientos: la trágica historia aún pisa fuerte. Cuentan que si tocas la estatua, las peores desgracias te caerán, pero si tocas las rejas de la entrada, recuperarás tu amor para siempre. Los vecinos dicen que el fantasma de la viuda aún vaga por allí, y que todos los 30 de enero, se la puede ver en su vestido blanco, llorando desconsolada frente a las rejas y que las noches de tormenta suenan, sin causa lógica, las campanas. Al parecer los ángeles que reposan en la Iglesia también han sido protagonistas de historia que parecen estar relacionadas con fenómenos paranormales. De acuerdo a las crónicas, en 1981, la Iglesia fue donada al Municipio, el cual inició una restauración. El encargado fue el arquitecto Devincenzi, quien decidió comenzar por las alas de los ángeles. Dicen que cuando empezó a tallarlas, las campanas de la Iglesia doblaron, sin que nadie las hubiese tocado, según algunos vecinos,  no es raro que suceda de vez en cuando.

según los creyentes, el fantasma de Felicitas sigue atado a este lugar sin entender por qué no puede conocer el amor y ser feliz, mientras llora eternamente la desgracia que cayó en su vida, ayudando con sus lágrimas a que aquellos que hayan perdido su amor lo recuperen. Aunque la leyenda también advierte a los que son felices a que mejor no se acerquen a este lugar, donde aún habita la maldición de Felicitas Guerrero.

Así que si estabas por visitar esta iglesia y la estatua de felicitas y su hijo Felix no oses tocarlos porque una terrible maldición te acompañara el resto de tu vida.

“Las Niñas del Río”

“Las Niñas del Río”

Historias de Fantasmas

Una leyenda Urbana

(Escrita por L.C.D)

 Cuenta la leyenda que había que una niña de 16 años llamada Clara, pasaba sus días sumida en una profunda tristeza, nunca deseaba hablar, en ocasiones se hamacaba por horas en el jardín mirando hacia la nada, Clara era diferente, vivía hacia unos meses en un hospital para enfermos mentales. Esta niña padecía depresión, antes era una chica inteligente, divertida, buena conversadora, se la podía ver con su hermana o con sus amigas, jugando a la rayuela saltando la soga, antes había sido como cualquier otra chica ¡feliz!. Nadie se explicaba porque estaba ahí, mucho menos porque era una niña tan triste. Sus padres juraban que ella era problemática y que hacía cosas muy raras desde la muerte de su hermana gemela quien había muerto ahogada en el río cerca de su casa donde solían jugar las niñas, lo que nadie entendía era porque Sara la gemela de Clara había sido asesinada, su cadáver fue hallado en el río, apareció flotando una tarde de invierno con una cuerda que rodeaba su cuello. Desde entonces que Clara no era la misma, le faltaba su mitad, cuentan que pasaba todo el día caminando por la orilla del río, como si buscara algo, y siempre regresaba a las seis de la tarde, la hora en la que fue encontrado el cadáver de su hermana, sus extraños comportamientos, sus pesadillas y sus intentos de suicidio, habían llevado a sus padres al límite de tener que dejarla en el hospital psiquiátrico, tenían miedo por su vida.

Clara llevaba unos meses en el manicomio, siempre en las noches despertaba sudada y gritando que tenía frío, o decía que las voces la despertaban, los médicos querían que mejorara de su depresión, pero ella no colaboraba, sus padres no querían que la dieran de alta, porque decían que el día 17 de julio fecha en que fue asesinada su gemela, la chica siempre se comportaba como si estuviera poseída, se lastimaba con cualquier objeto, gritaba y lloraba por sí.

Llegó el día 17 de julio y Clara empezó a hacer cosas raras, decía frases sin ningún sentido se acercaba a los médicos y les gritaba “tengo que atarla esta maldita… dice que tiene frío…se siente sola… esta en un lugar oscuro”… los médicos la llevaron a su habitación, y le inyectaron calmantes, cuando por fin creían que se había dormido, salieron a llamar a sus padres.

Cuentan que cuando llegaron los padres de Clara, la chica al parecer se había despertado, con la ayuda de su cama trabó las puertas de su habitación, cuando los padres y el personal del hospital lograron ingresar a su habitación, notaron marcas en piso, eran de sangre y agua, parecían muchas pisadas como si alguien hubiera caminado muchas veces por el cuarto con los pies mojados y ensangrentados, al entrar al baño, encontraron el cuerpo de su hija, con lágrimas de sangre en los ojos, ahorcada y en la pared habían escrito con sangre las siguientes frase ” me asesinaste y morirás conmigo, ya no estaré sola”.

Al tiempo se descubrió mediante el diario de la chica, el que estaba escondido en su alcoba, que Clara podía tener contacto con Sara, su hermana gemela, al parecer cada 17 de julio ésta intentaba matarla, hasta que ese mismo día lo consiguió, Clara era atormentada por el espíritu de su hermana gemela que la incitaba a lastimarse, hasta que logró ingresar en su cuerpo para cobrar venganza.

Cuentan que los padres quedaron con una pena muy grande, eran sus únicas hijas, y entre ella se asesinaron por competir por el amor de sus padres y cada noche antes de acostarse van a la habitación de las niñas a darles las buenas noches, porque según ellos las gemelas a veces aparecen amarradas del cuello compartiendo la misma cuerda, sin dejar de decir que tienen frío y que están en un lugar oscuro, también se dice que se las puede ver pasear de la mano, todos los días a la misma hora, a las seis de la tarde la hora en la que ambas fueron asesinadas.

 

 

“Eleonora” Cuentos de Terror

“Eleonora” Cuentos de Terror

Hospital psiquiátrico de la ciudad de Buenos Aires. Viernes 6 de noviembre de 1934.

 

El oficial de guardia escuchó los gritos aterradores de un hombre, levantó el teléfono,

– Doctor el paciente aislado grita otra vez.- Dijo y colgó el tubo.

El oficial y el médico atravesaron los amplios pasillos hasta llegar al sector de enfermos incurables, abrieron la puerta, el hombre gritaba arrodillado junto a la ventana con las manos ensangrentadas y la mirada perdida en el patio del fondo. El doctor se acercó lentamente puesto que este hombre tenía un trozo de vidrio a un costado.

– ¡Otra vez!.. ¿De dónde saca los vidrios?- Preguntó el doctor.

Él desesperado se abrazó a sus piernas, lloraba ya casi sin lágrimas.

– Es ella doctor… es ella… lo juro… – Repitió llorando; lo recostaron en la cama.

– Tranquilícese o voy a tener que sedarlo, no deja dormir al resto de los pacientes. – Dijo el médico y cerraron su puerta.

Con las manos vendadas limpió sus lágrimas, el viento soplaba por entre los vidrios rotos, el hombre miraba por la ventana hacía el patio del fondo del hospital, el sonido que producían las ramas secas de los torcidos árboles lo hacía  sobresaltar en la cama, temblaba, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, se cubrió la cabeza con la sabana, oyó que la ventana se abría lentamente produciendo un ruido crudo, después unos pasos que se arrastraban.

– ¡Eleonora déjame en paz!.. – Exclamó.

Luego volvió a gritar perturbando el descanso de todos los pacientes.

 

Primavera de 1931

 

Era una tarde cálida, caminaba por las calles de su barrio  de regreso  a su casa, el médico le había recomendado que lo hiciera todos los días por la medicación que tomaba, pero aquella mañana olvido tomar las  pastillas, siempre las dejaba sobre la mesa de luz, todos los días salía a caminar hasta la plaza, alimentaba a las palomas y veía a los niños jugar, después tomaba un té con limón en el mismo bar siempre, frente al cementerio donde cada día le dejaba una rosa blanca a su padre.  Se detuvo en una esquina porque le falto el aire; pensó felizmente en Francisco, su esposo; por la noche festejarían su aniversario, Eleonora sufría graves problemas cardíacos desde la niñez, era muy delgada, tenía la típica palidez de las personas cuando están enfermas y unas ojeras muy marcadas, nunca había practicado ningún deporte por ende su fragilidad era notable.

Ella y su esposo crearon un mundo de armonía para cuidar su frágil corazón, con sus treinta y cuatro años era dueña de una gran fortuna; heredada al morir su padre, siendo ella una niña, su madre se había vuelto a casar y tenía una hermana  menor a quien adoraba, Clara de veinticinco años era su mejor amiga, Eleonora deseaba ser madre, estaban iniciando los trámites para adoptar un bebé ya que ella no podía tenerlos. Agitada y temblorosa, llegó a la puerta de su casa, tomó las llaves de la cartera pero al notar que la puerta principal estaba entreabierta se le cayeron de las manos; se quitó muy despacio los zapatos e ingresó a su hogar, todo estaba oscuro, por unos segundos se quedó tiesa, luego reaccionó al escuchar ruidos que provenían de los cuartos de arriba; caminó dos pasos en dirección a la escalera, dudó en subir, quizás había un intruso en la casa, un ladrón , se asustó al recordar que su marido ya debía haber llegado y pensó que alguien podría hacerle daño.

Con los pies desnudos subió lentamente los escalones ayudándose con la baranda,  su cuerpo no dejaba de temblar, sus ojos verdes bien abiertos no parpadeaban, al llegar a lo alto se sobresaltó al ver su imagen en el espejo ubicado al fondo del pasillo; lo que escuchaba de abajo eran fuertes gemidos que se originaban en su cuarto matrimonial, con la punta de sus dedos empujó la puerta; parada bajo el umbral de su puerta los ojos de Eleonora vieron lo que jamás hubiese imaginado, Francisco estaba teniendo relaciones sexuales con su hermana menor, Clara sonrió al verla, prosiguieron como si no los hubiera descubierto, Eleonora cayó de rodillas al suelo, cubrió sus oídos.

– Yo puedo darle hijos. – Dijo Clara su hermana.

Los gritos y los golpes de la cama contra la pared desesperaron a Eleonora, lloraba en el piso destruida, comenzó a arrastrarse intentando llegar a la mesa de luz donde yacían sus píldoras para el corazón, en ellas encontraba las ansias de tener un poco más de vida junto a su esposo. Lo que veía y oía estaba matándola, cuando sus blancas y flacas manos llegaron al frasco Clara se lo quitó.

– ¡Muerte de una vez! – Exclamó furiosa.

Eleonora boca arriba vio sus rostros girar en su cabeza, se reían de ella, quien presionaba su pecho con ambas manos,

– Ayu… ayuden…ayúdenme… – Suplicó Eleonora.

– ¡Lo siento cariño! Pero es mejor así, debes morir. – Dijo Francisco.

– Tu padre rico debe haberte comprado un lindo paraíso, no me mires así, sólo eres mi media hermana.- Dijo Clara.

Eleonora comenzó nuevamente arrastrarse por el suelo lentamente hacia la puerta del  baño, pensando en que en el botiquín estaban sus píldoras, la risa de Clara se escuchaba como ecos, se dio vuelta, ellos se acercaron para observarla, Eleonora expiró.

– Esperemos un poco antes de llamar a la ambulancia. –  Fue lo último que escuchó.

 

La velaron esa misma noche, su cuerpo delgado en el féretro se asemejaba a una muñeca de porcelana, su madre no se movió de su lado durante toda la noche, acariciaba su negro cabello;  estuvo ahí cuando Francisco se acercó llorando con un aparente hondo dolor, y dejó sobre sus frías y duras manos, una cadena con un dije en forma de corazón que llevaba grabada la siguiente leyenda “Eleonora y Francisco por siempre”; había sido el último regalo de cumpleaños, después besó sus rígidos labios. Antes que cerraran el cajón, su madre besó la frente de Eleonora dejando caer sin darse cuenta, lágrimas sobre el rostro de su hija.

– ¡Mi niña!.. Mi hija…  Si alguien causo tu muerte… ¡Eleonora vuelve a vengarte!- Exclamó a aquel oído muerto.

 

Dos semanas después del entierro la lluvia no cesaba ni por un instante, Francisco y Clara se encontraban a escondidas, la idea era cobrar una parte de la herencia de Eleonora y fugarse juntos; se hallaban en la cama matrimonial, aquella que semanas atrás había confortado a Eleonora.

  • Sólo nos queda matar a mi madre, creerán que se suicidó, muchas madres se ahorcan después de la muerte de algún hijo…Eleonora era su hija favorita. – Dijo Clara.
  • ¿Estás segura de eso? Ella es tu madre.- Preguntó Francisco.
  • ¡Sí! La quiero muerta y enterrada como mi hermana Eleonora.- Respondió Clara.
  • Entonces brindemos por eso… Brindemos porque salió todo bien, por la herencia de tu hermana mi difunta esposa. – Dijo Francisco.
  • ¡Sí!… porque la maldita murió al fin. – contestó Clara felizmente.

 

Justo en el preciso instante en que las copas chocaron, el cuerpo enterrado de Eleonora cobró vida, justo en aquel momento, los ojos se abrieron a la venganza, como si el sonido del cristal la hubiese resucitado, el odio, el dolor, el deseo absoluto de venganza, el amor por su madre,  fueron motivos suficientes para que Eleonora regresara de la muerte, sedienta de venganza anhelando su carne caliente. Desesperada rasguñó el cajón, salió de su tumba, recostada en el barro la confusión mental la aturdió, con las uñas abrió sus labios, estaban pegados y cocidos, se arrodilló para leer su lápida,”Amada Esposa. Eleonora Jamás Morirás para mí. 1903-1931”. Se puso de pie, tenía puesto un largo vestido de gasa que traslucían sus senos ya marchitos, su hermoso cabello negro ya no eran como la seda, estaba enmarañado y duro por el barro, su piel casi morada y firme como la roca, su ser sólo estaba lleno de locura y venganza, inclinó la cabeza al cielo, lanzó gritos de horror, y salió del cementerio.

Caminó el mismo recorrido que hacía todas las tardes hasta llegar a su hogar, las calles estaban vacías, observó un instante la plaza vacía, el viento mecía tenuemente las hamacas, siguió su camino,  atravesó el portal de su casa, se detuvo de manera melancólica en sus jazmines, cerró los ojos, veía imágenes de su vida y de su muerte, su casamiento con Francisco, en una tarde soleada y sus risas casi adolescentes de ese día,  aquellos recuerdos vagos se entrelazaban con el rostro de Clara riéndose de ella. En la puerta principal tomó la llave que escondían bajo la maceta, recordó cuando su esposo la recibía alzándola y  besándola dulcemente, ingresó, todo estaba en penumbras, caminó a la escalera donde había ropa de Clara, los relámpagos la iluminaban mientras que subía los escalones con pasos firmes dejando huellas de barro, se reflejó en el espejo del fondo del pasillo, se observó con añoranza, se vio como había sido en vida y como estaba ahora, empujó la puerta e ingresó al cuarto matrimonial.

Parada bajo el umbral de la puerta los miraba, los amantes se sobresaltaron, estaban semidesnudos recostados en la cama.

– Fue su idea Eleonora… fue él y va  a matar a nuestra madre… – gritó Clara al verla.

Francisco la empujó, Clara golpeo su cabeza en la mesa de luz, Eleonora se acercó a ella lentamente, se inclinó, ambas se miraron a los ojos por unos segundos, Eleonora enterró su mano en el pecho de Clara, arrancó salvajemente su corazón, Francisco se quedó mudo mirando como su difunta esposa colocaba la cadena en el cuello de su amante, aquella que le había regalado en su cumpleaños, la que dejó en sus manos cuando estaban velándola “Eleonora y Francisco por siempre” llevaba grabado. Después se acercó a él balbuceando palabras que él no comprendía, sólo temblaba como una hoja, entonces Eleonora escribió con el barro de su vestido en el espejo, “Eleonora Jamás Morirá para Ti” extendió sus manos ensangrentadas para entregarle el corazón de su hermana, le hizo un gesto para que lo tomara, Francisco tomó el corazón de Clara, Eleonora lo miró por largos minutos, luego se marchó.

 

Madrugada, Viernes 6 de noviembre de 1934.

 

El oficial y el médico volvieron a ingresar al cuarto de aislamiento, Francisco gritaba en un rincón con un trozo de vidrio en sus manos recién vendadas, se lo quitaron, tenía el pecho cortado,

– Otra vez escribiendo las paredes, déjela descansar en paz hombre. – Dijo el médico inyectándole un tranquilizante.

– No… Es ella doctor…no estoy loco.- Dijo Francisco. Lo cubrieron con una sabana y salieron cerrando con llave.

Francisco miró como las letras en la pared chorreaban sangre, decía “Eleonora jamás morirá para ti”. Suspiró, sus ojos comenzaban a cerrarse por la droga, lo último que vio fue a ella ingresando lentamente por la ventana, Eleonora lo visitó cada noche hasta el día de su muerte cada vez más putrefacta.

 

 

 

 

 

 

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