“Sala velatoria” Cuentos de Terror L.C.D

“Sala velatoria” Cuentos de Terror L.C.D

 

Siempre mi pasión fue la medicina, quería más que nada en este mundo convertirme en una médica forense, pero no pude terminar mis estudios universitarios, aunque al menos tuve la suerte de conseguir un trabajo relacionado con los muertos. Trabajar con los muertos era mi vocación, no tarde en descubrir que encontraba satisfacción al bañar a los difuntos y dejarlos verdaderamente hermosos y prefectos para que sus familiares se llevaran una buena última imagen de ellos, los bañaba, los vestía y los maquillaba después de que el médico forense trabajara en ellos en la morgue, me parecía fascinante el trabajo de la investigación forense. Recuerdo que la sala velatoria era muy grande, yo me encargaba de casi todo, el lugar debía estar reluciente, me aseguraba que las flores tuvieran agua, que los aromatizantes estuvieran cargados, y mientras esperaba que el médico terminara con su labor, preparaba el café que más tarde serviría a los familiares. Aquella noche diferente desde el comienzo, mi turno comenzó a las 10 de la noche y terminaría a las 6 de la mañana cuando llegara Germán a reemplazarme. Cerca de la una de la madrugada el médico terminó la autopsia realizada sobre el cuerpo de un niño que había sido arrollado por un automóvil en la calle Alvear, a tres cuadras de la sala velatoria. Un golpe fatal en la cabeza acabo con su vida, su cuerpo no estaba destrozado, era extraño, apenas tenía unos raspones en los codos, rodillas y pómulos. Según contaban los testigos del accidente, el conductor del vehículo conducía despacio pero el niño cruzó corriendo, el golpe fatal se lo dio al caer contra el asfalto, el automóvil se había dado a la fuga velozmente, Sergio me dijo que presentaba una contusión en el cerebro por la cual había perdido la vida, su muñeca derecha estaba fracturada al igual que la tibia, el peroné, y dos de sus costillas.

Para las 6 am debía estar en su ataúd, bañado y vestido con el traje azul que había dejado su madre. Era un niño de 8 años, su nombre era Gastón Oliva, tenía que prepararlo para el velorio, acompañé a Sergio a la puerta y cerré con llave. Eran casi las 3 de la madrugada cuando por fin había terminado con el trabajo pesado, mi cuerpo y mi mente estaban en completo agotamiento y quería terminar lo antes posible para poder acostarme en la mesa como de costumbre, aunque les parezca extraño, a mí me resultaba cómodo tenderme en esa fría mesa. El cadáver de Gastón ya estaba listo para su velorio, sólo me faltaba colocarlo en posición dentro de su féretro, pero eso podía esperar, me fui a la cocina y me senté a leer un rato el diario y a disfrutar de un café en soledad, el silencio era estremecedor y confortable, aproximadamente a los diez minutos me pareció escuchar un ruido, como el que hace una pelota al picarla contra el piso, fue raro escuchar algo en aquel lugar tan tranquilo, me levanté de la silla y espié por el umbral de la puerta hacia la sala, no había nadie, quizás mi mente cansada me engañaba, no le di mayor importancia, me lancé otra vez sobre la silla para descansar un rato, observé mi reloj, eran las 3:12 el tiempo parecía ir lento. La luz sobre mi parpadeó, me levanté y presioné la llave varias veces, seguía parpadeando, decidí dejarla apagada y caminé por la sala dirigiéndome al pasillo que me llevaba a la morgue. De pronto sentí un frío que me recorrió todo el cuerpo, quizás había dejado alguna ventana abierta por donde se colaba el aire nocturno de invierno, revisé todas las ventanas y estaban cerradas. Escuche otra vez el ruido de alguien jugando con una pelota, haciéndola picar sobre el pulido piso, miré hacia todos lados y sentí algo de inquietud, tenía mucho frío, me tranquilizó un poco que la puerta de la sala estaba de par en par, ahí había dejado la calefacción al máximo, así que esa sensación de pronto se iría de mi cuerpo, quizás me estaba queriendo dar gripe, así que subí al máximo la mayoría de las estufas, cuando pase por la oficina noté que la puerta estaba abierta todos los cajones estaban abiertos, era extraño eso, Nélida era una prolija secretaria de 60 años, siempre dejaba todo perfecto. Mientras cerraba los cajones, escuché un portazo a lo lejos, como si hubieran cerrado la puerta que daba al jardín, apague la luz y cerré la puerta de la oficina con llave, corrí hasta allí pero nada, la puerta del fondo tenía llave. Nerviosa, regresé a la morgue, el cadáver de Gastón seguía en la misma posición, sabía que los nervios se dispersarían al estar en la morgue, los cadáveres siempre me causaron tranquilidad. Me coloqué el delantal y los guantes, la presión que había sentido fue abrumadora.

 

-Bueno querido Gastón Oliva, es hora de ponerte en el cajón, allí descasaras en paz querido niño.- Le dije acariciando sus mejillas. Recordé que debía de llevar el ataúd blanco hasta la morgue, ¿cómo me había olvidado de eso?

Cuando alcancé la puerta un ruido que provenía de mis espaldas hizo que se me helara la sangre. El frío regreso a mí, se escucharon tres golpes de pelota picando en el suelo, yo seguía ahí agarrada del picaporte casi sin respirar, no quería darme vuelta, el terror que me causó escuchar ese sonido, sentí que el tiempo se detuvo por unos segundos. Escuche unos pies descalzos que caminaban por el piso encerado de la morgue, les juro que los escuché claramente, se escuchaban dirigiéndose hacia mí, mis manos agarradas ambas del picaporte temblaron, a pesar del pánico logré abrir la puerta y salí lentamente, una vez que atravesé el umbral de la puerta de la morgue atiné a correr, el timbre de la puerta casi me causa un infarto, abrí aturdida y confundida, era Germán, su turno empezaba a las 6, miré el reloj, eran las 3:12, ¿acaso el tiempo se había detenido? Le dije a Germán que fuera a la cocina, al verme tan asustada preparó café, mire otra vez el reloj, eran 3:30, el tiempo había vuelto a la normalidad, no le quise decir lo que había pasado, seguramente se burlaría de mí.

 

– Claudia, ¿estás bien? Te ves algo pálida.

 

– Sí… Estoy bien.- Le respondí dando sorbos largos al café.

 

– ¿Qué tenemos hoy?- Preguntó Germán.

 

– Hay solamente un niño de 8 años que fue atropellado.

 

– Que corta es la vida y que pena para sus padres.

 

– ¿Por qué llegaste tres horas antes? Le pregunté.

 

– Solo quería aligerarte la carga.- Respondió.

 

– Te enseñaré lo que resta de trabajo, fichá tu hora de entrada, así me voy a casa.- Le dije.

 

Regresamos a la morgue. Al abrir la puerta se detuvo, yo me quedé asombrada esperando que dijera algo que me causaría temor.

– ¿Por qué dejaste así el cuerpo? – Exclamó extrañado Germán.

 

El cadáver del niño, estaba tendido en el suelo, era imposible que se hubiese caído de la mesa.

 

-Te juro que lo dejé acostado, solo iba a buscar el cajón, no sé por qué carajo se cayó, es imposible. – Respondí nerviosa.

 

– Al parecer quería jugar contigo.- Me dijo en broma. Germán no dejaba de mirarlo.

 

Por primera vez el olor a formol me causo nauseas, me senté, observé a Germán trabajar, cerró el féretro, fue en ese momento que en mi cabeza escuché el susurro de una voz que provenía del interior del cajón,

– Aquí está muy oscuro, Claudia. Abre el cajón… Tengo frío… Fue él, fue él… Claudia sé que me escuchas.

 

No podía creer lo que escuchaba, mi mente no podía relacionar lo que intentaba decirme, por esa noche ya había sido suficiente.

 

– Podes irte a tu casa, Claudia, yo me encargo, te ves muy mal.- Dijo Germán.

 

-¿Qué estuviste haciendo esta tarde cerca de las 3 de la tarde?- Le pregunté.

 

– Ah, no te dije, fui a vender el viejo falcón a lujan.- Dijo Germán.

 

– ¿Por qué vendiste tu viejo auto?- Le pregunté.

 

– No sé, ya no lo soportaba, ni siquiera estaba a mi nombre, ya es problema de otro.- Respondió él.

 

Salí de ahí pensando en que Germán había atropellado a Gastón Oliva y dejó su auto abandonado en algún campo, quizás hasta lo prendió fuego, él siempre se quejaba que no podía ponerlo a nombre suyo, que el dueño anterior era un anciano que murió y que por eso era imposible tramitar los papeles. Según decían, el niño jugaba con la pelota cuando fue arrollado, la respuesta era obvia, el conductor que se dio a la fuga era Germán, a las 3 de la tarde terminaba su turno, me dirigí a mi casa para descansar, por la mañana, cerca de las 8, me llamaron de la sala velatoria, Nélida se escuchaba nerviosa, habían encontrado a Germán muerto sobre la mesa de la morgue, se había cortado las venas, aunque el forense insiste en que sus heridas no parecían provocadas por el mismo, había dejado una nota que decía: “Pido descanso para mi alma y ruego el perdón de la familia de Gastón Oliva.”

“Tren Nocturno” Cuentos de terror

“Tren Nocturno” Cuentos de terror

Era una fría noche de invierno, estaba sentada en el último vagón del tren a altas horas de la madrugada, eran las 2:30 am, intentaba leer para no dormirme, después de 24 horas trabajando en la guardia del hospital estaba agotada, en la siguiente estación subió un hombre, tenía el cabello un poco largo y llevaba puesto un tapado marrón, se sentó y apoyó su cabeza contra la ventanilla, parecía tener sueño y mucho frío porque de tanto en tanto se frotaba las manos, lo observé por un rato, él se durmió, pasaron varias estaciones y nadie más subió al tren, en un momento cerré los ojos para descansar la vista, tenía los ojos cansados, cuando los abrí, el hombre del abrigo marrón estaba sentado frente a mí, una sola línea de asientos nos separaba, estaba en una posición que al parecer intentaba provocarme miedo, apoyando sus codos en sus rodillas con su cabeza inclinada hacia abajo, su cabello cubría hasta la mitad de su rostro, no podía distinguir bien sus facciones, no veía sus ojos y tenía una barba algo crecida, me levanté como si fuera a bajarme del tren, no le daría pie a controversias, caminé por el vagón, en un momento me di media vuelta para ver que hacia, él seguía ahí sentado, entonces me pase al siguiente vagón y cerré la puerta, aún me faltaban varias estaciones para llegar a mi destino. El tren estaba vacío, me senté otra vez, pasaron unas dos estaciones sin que nadie más subiera, de repente vi que la puerta que divide los vagones se abrió, él hombre del abrigo marrón apareció, creo que buscaba problemas,  pensé en que quizás estaba ebrio o quería robarme, me asusté, se sentó frente a mí otra vez, pero esta vez estábamos frente a frente, cara a cara, él murmuraba, sollozaba, se reía como entre dientes, quizás se acaba de escapar de un hospital, parecía esperar que le preguntará algo, pero yo no lo haría, me bajaría del tren en la próxima estación era lo mejor, de repente lanzó un grito desgarrador que me provocó terror, no comprendí que quería, me levanté de un salto y corrí, pasé un vagón corriendo asustada, se escuchó como si corriera para alcanzarme, miré hacía atrás y lo vi saltar como un animal sobre las cabeceras de los asientos, entonces comencé a correr pase dos vagones, el tren no se detenía, en un momento sentí que me agarraban de los tobillos y me jalaron con fuerza, caí al piso, el hombre de pie frente a mí me tomó de la ropa a la altura de los hombros, el tren comenzó a detenerse, me levantó del piso, comenzó a olerme y acariciar mi rostro tenía las manos calientes y sudadas, el tren se detuvo y se abrieron las puertas era mi única oportunidad de escapar, él hombre gritó otra vez, era un grito que se pareció al de un animal, atiné a darle un golpe entre sus piernas y lo logré, me soltó, corrí hacia las puertas desesperada pero se cerraron nuevamente y el tren reanudo su marcha, pensé en abrir una ventanilla para tirarme del tren, era mejor morir en las vías que en las manos de ese hombre, subí una ventanilla, pero él otra vez me lanzó al suelo no dejaba de gritar, eran como gruñidos de bestia, gritaba como loco y se agarraba la cabeza y se sacudía, me arrastré por el vagón sin darle la espalda y sin dejar de observarlo, mis ojos no podían creer lo que estaba pasando frente a mí, él dio un saltó sobre mí, sus ojos cristalinos se clavaron en los míos por unos segundos, luego alzó la cabeza hacia arriba y exhaló un aullido como si fuera un lobo, le basto una sola mano para dejarme inmóvil y así poder clavar sus colmillos en mi cuello.

Cuentos de Halloween “Tu vida por una historia de terror”

Cuentos de Halloween “Tu vida por una historia de terror”

 

Franco tenía 14 años, no creía en los fantasmas, es más, a todo hecho paranormal le buscaba una explicación simple y lógica,  no se asustaba nunca con nada, lo suyo era la ciencia y la razón. Aquella tarde del viernes 31 de octubre, cuando Paula leyó su historia, a Franco le dio un ataque de risa en frente de todos sus compañeros, le dijo que  su relato era verdaderamente estúpido, que un fantasma jamás podría enamorarse de una persona viva y que más allá de todo tampoco existían los fantasmas. La profesora lo regañó poniéndole tarea doble para que se llevara a su casa. Franco, solía burlarse de sus compañeros de escuela, pese a ser un chico estudioso y aplicado en esta ocasión no escribió nada, las diversas lecturas de historias de terror de sus compañeros le parecían una pérdida de tiempo.

En un momento el aula quedó en completo  silencio y la voz de una niña que provenía del fondo dijo.

-Yo tengo una historia que me gustaría leer.-  Todos se dieron vuelta, y se asombraron, se trataba de Melisa Ross, una niña marginada que nunca hablaba con nadie.

-No hace falta que leas ninguna historia boba, ya tuvimos suficientes, con tu apariencia siempre de negro ya logras asustar.- Dijo Franco y todos rieron.

La profesora otra vez regañó a Franco poniendo un ítem más en su tarea extra y le pidió a Melisa Ross que leyera.

Ella comenzó a leer: Mi historia se llama “Sam, el que come corazones en Halloween”.

Aquella fría y tétrica noche de Halloween, Sam se despertó,  no recordaba cuanto tiempo llevaba durmiendo, seguramente demasiados años,  pero lo que logró que despertara de su letargo fue que escuchó una lejana voz pronunciando su nombre, Como un susurro que viajó con el gélido viento y llego a sus oídos como una súplica. – Sam, Sam, Sam, despierta ya…- Era medianoche y Sam era libre para salir de su oscuro lugar de reposo,  él sabía que no era un niño o un adolescente, no era joven ni viejo, simplemente existía, observó la pálida luz de la luna que se filtraba entre los árboles, durante unos segundos. Recordó que en un tiempo había observado a la gente, no comprendía a las personas cuando las veía  reír o llorar, no entendía porque la gente tenía tantos sentimientos, él nunca había sentido nada, él nunca había tenido un corazón. Aquella noche de Halloween descubrió que había algo que podía sentir  aunque no era ni risa ni llanto, mucho menos amor,  podía sentir el miedo de las gente, eso le despertaba un sentimiento que nunca había tenido, y era rencor por no tener un corazón, entonces pensó en las cosas que asustaban, por ejemplo las historias de horror, si él juntaba muchas historias de terror entonces podría sentir algo, lo descubrió cuando vislumbró la luz de una fogata en medio de bosque y se acercó, escuchó a unos niños contar unas historias de terror. Sam buscaría muchas historias de terror, lo único que quería en el mundo era escuchar a las personas con sus voces temblorosas narrando historias de horror.  Esa noche de brujas entró sigilosamente en una casa, ingresó a una habitación donde un hombre dormía, lo despertó con sus fuertes pasos, el hombre le dijo que se llevara lo que quisiera pero que no le hiciera daño, lo que Sam no comprendió. – Sólo quiero escuchar una historia de terror. – Le dijo con su tosca voz, hacía muchos años que no pronunciaba palabras. El hombre asustado no lo entendió, entonces Sam le dijo – Tu vida por una historia de terror. – Ahora con una fuerte y clara voz.

El hombre aterrado le contó tartamudeando una historia muy corta que había escuchado en una película. Sam conforme con la historia se esfumó de aquella casa dejando al hombre muerto de miedo con la sensación de haber estado al borde de la más dolorosa muerte, aquel espectro lo dejó completamente perturbado.

Sam quería sentir el miedo en las personas, y continuo visitando casas esa noche, de todas se llevó una historia más, salvo de la última casa que visitó, en donde despertó a un adolescente que dormía.   – Tu vida por una historia de terror.- Le dijo Sam.

El chico no entendió, Sam volvió a decir.

– Tu vida por una historia de terror.

El chico aterrado no sabía que decirle ni que contarle, no conocía ninguna historia de horror. Aquella noche los vecinos alertaron a la policía, se habían escuchado gritos desgarradores de una persona. La policía se encontró con el joven muerto en su cama, le habían arrancado el corazón y en las paredes dejaron escrito con su sangre.

“Tu vida por una historia de terror.”

Desde entonces se corrió el rumor y la leyenda de Sam, el que arranca corazones en Halloween, fue pasada de generación en generación. Se dice que cada noche de Brujas, Sam puede visitarte mientras duermes y pedirte una historia de terror, es mejor que le cuentes una o tendrás una muerte terrible, Sam te arrancará  tu corazón.

Cuando Melisa terminó su lectura, todos sus compañeros la observaban con el terror dibujado en sus rostros.

-Es una historia que sacaste de alguna tonta película.- Le dijo Franco.

Ella no respondió nada sólo lo miró a los ojos desafiándolo. Franco sonrió.

-Es un maravillo cuento de terror Melisa, lograste mantenernos a todo escuchándote detenidamente, muy bien logrado.- Dijo la profesora. El timbre de salida resonó en toda la escuela secundaria.

-Cuídate de Sam esta noche, al contar su historia, él despertó.- Le dijo Melisa a Franco al pasar por lado. Franco se rió de ella.

Aquella noche cuando Franco se preparaba para irse a dormir al apagar las luces escuchó un sonido de pasos en toda su habitación, asustado encendió la luz de su velador, frente a su cama, vio a un hombre muy alto vestido con un viejo abrigo largo de color negro todo carcomido por el paso del tiempo,  llevaba puesto un sombrero, el hombre comenzó a acercarse lentamente, cada vez más cerca, Franco apretó sus ojos, estaba tan cerca que sintió su aliento, era como el olor de una tumba vieja, entonces abrió los ojos, y vio a Sam, su rostro era cadavérico,  sus ojos rojos brillaron al exclamar  – Tu vida por una historia de terror.

Franco no sabía ni una sola historia de horror.

“Ya estoy en Casa” Cuentos de Terror

“Ya estoy en Casa” Cuentos de Terror

  

 

La historia que narraré a continuación es muy difícil de creer, son de esas historias que te congelan la sangre hasta darte constantes escalofríos, jamás creí que mi mejor amiga de la infancia terminaría de tal manera, su nombre era Luz, recuerdo que en la escuela, ella era la chica más deseada, quería ser actriz, anhelaba más que nada poder salir de este pequeño y alejado pueblo, cuando teníamos quince años, Luz fue elegida como la reina de la primavera y fue la atracción principal en la carroza el día en que se celebraba los cien años del pueblo, el hermano del intendente se fijó en ella, quedó enamorado, Luz me dijo que aunque él le llevara más de diez años haría lo que fuera por salir del pueblo, dejó a su novio y enamoró perdidamente a Antonio sólo por su dinero. Pero a los dos meses de estar con él una enfermedad contagiosa la tuvo apartada por ocho meses del resto de la gente, nadie más que su madre pudieron tener contacto con ella, ambas vivían en una casa muy linda en medio del bosque, estuve varios meses sin verla, cuando se curó estaba diferente, más distante y fría.

Ángela la madre de Luz, era bruja en sus años de juventud, muchas mujeres del pueblo y de pueblos cercanos acudían a ella, tenía fama de curar enfermedades mediante el uso de hiervas, algunas mujeres que habían sido abandonadas por sus esposos, concurrían a verla para vengarse de sus maridos,  se decía que Ángela tenía poderes y este eran en las artes oscuras, recuerdo que a veces se internaba en el bosque por días, Ángela era una mujer agradable, aunque tuviera fama de ser una bruja del bosque como solían llamarla, había tenido a su hija siendo una mujer mayor  y esta era la luz de sus ojos. Con el correr de los años Luz contrajo matrimonio con Antonio, tenía por aquel entonces dieciocho años, Luz se molestaba cuando su madre se quedaba sola en bosque por días  y comenzó a tratarla realmente mal, ambas discutían mucho, esto llevó a que ella decidiera internar a su madre ya anciana en el hospital para enfermos mentales.

Al internar a Ángela, su casa en el bosque quedó abandonada,  ella iba a irse del pueblo al fin y decidió vender la casa de su madre, se mudó con su esposo allí para dejarla en condiciones antes de marcharse, ellos durante diecisiete años fueron muy felices juntos, él fue intendente del pueblo. Pero no le duro mucho su reinado, Luz comenzó a sumergirse en un mundo de codicia, malgastaba su dinero y rechazaba a sus antiguas amigas, jamás visitaba a su madre, le pidió a su esposo que la llevara a vivir a Buenos Aires, que ya no soportaba ver a las personas del pueblo, pero por aquellos errores cometidos en el pasado Luz debió quedarse para siempre en el pueblo.

Eran cerca de las siete de la tarde cuando mi teléfono me despertó, mi trabajo nocturno me tenía agotada, no es fácil trabajar en la noche como mesera, hay mucha gente de paso y hay que saber cuidarse muy bien, en fin, Luz me llamó para que fuera a su casa dijo que era urgente, su esposo había salido del pueblo por negocios y para buscar un nuevo hogar, regresaba esta mañana, pensé que quizás me necesitaba para embalar sus cosas, pero su voz del otro lado del teléfono se escuchó nerviosa, hacia un mes que no sabía nada de ella, antes conversábamos por horas.

Caminé hasta allá, atravesé el bosque, este estaba resbaladizo debido a la tormenta que se había desatado por la madrugada, noté que no se escuchaban los típicos sonidos de los animales, sólo el crujido de las hojas y ramas secas al pisarlas, al llegar comenzó otra vez a llover, toqué varias veces el timbre y nada nadie salía a recibirme, ni siquiera la empleada doméstica, empujé la puerta y entre, todo estaba a oscuras, un olor pestilente me revolvió el estómago, parecía que había entrado al cementerio, recorrí la casa, pero no la encontraba, percibí un sonido, era como una melodía de una caja de música, de repente oí gritos que venían del sótano, eran chillidos agudos, asustada bajé las escaleras , en el centro mismo del sótano en una silla mecedora vi lo que nadie podría imaginar ni en sus peores pesadillas, Luz estaba sentada  y un hombre calvo de más de cien kilos con un tamaño considerable estaba sentado en sus piernas abrazándola por el cuello con el brazo derecho mientras que se chupaba el dedo gordo de su mano, ella lo intentaba mecer con la mirada perdida en cualquier lado, él dormía produciendo extraños ruidos, era como un bebé gigantesco, el hombre estaba deforme de rostro, su ropa estaba con ensangrentada, ¿Quién era ese extraño hombre que se metió en su casa?  El olor era casi insoportable, tapé mi boca para no gritar cuando vi a un costado de ellos el cuerpo destrozado de Antonio el esposo de Luz, este tenía el pecho y el abdomen abiertos, como si un animal lo hubiera desgarrado, el terror se apoderó de mí, comencé a dar pequeños y silencios pasos hacia atrás, la madera del escalón al crujir  me delató, Luz giró rápidamente la cabeza hacia donde estaba parada, me quedé tiesa al ver su rostro tan golpeado y desesperado.

– No te marches aún… te necesito…él no va hacerte nada está profundamente dormido, ya comió lo suficiente. – Me dijo.

No supe que decir sólo comencé a temblar, me arrimé lentamente, su cabello estaba  mojado en sangre y su rostro pálido, le acerqué un poco de agua la tomó desesperada, el hombre en sus faldas continuaba con el dedo en la boca, ella lo mecía para que no se despertara temía que me dañara.

– Tranquila Luz voy a ayudarte. – Le dije llorando, revisé el perímetro con mis ojos nervioso, quería buscar algo para golpearlo y así Luz y yo escaparíamos.

– Ya nadie puede ayudarme… No busques con qué matarlo, míralo bien, debe medir más de un metro noventa, y no morirá fácilmente, te matará antes de que te des cuenta. – Me contestó.

– ¡Acaso piensas quedarte sometida a él?… Va a matarte, fíjate lo que hizo con tu esposo.- Le dije y levanté una pala en lo alto, le golpearía directamente en la cabeza.

-No lo hagas Amparo, no va a funcionar sé lo que te digo, los disparos en su espalda cicatrizaron pronto, yo le atravesé tres puñaladas en sus piernas y apenas las sintió, va a matarte quédate quieta y escúchame… No me debe quedar mucho tiempo, necesito que permanezcas quieta y escuches bien lo que te diré.- Dijo Luz, dejé la pala, el hombre lanzó un leve quejido y se movió.

– Necesito que le des cuerda a la caja de música, eso al parecer lo tranquiliza. –Dijo Luz y comenzó con su relato.

 

Relato de Luz “Él regresó a su hogar donde pertenece”

 

Esto pasó hace unos tres días, eran cerca de las cuatro de la mañana cuando unos gritos desgarradores me despertaron, venían del bosque, como si los animales hubieran visto al propio diablo, salí de la casa y noté la figura de un hombre que corría entre los árboles,  seguido otra vez los gemidos agudos de los animales, entre a la casa asustada, trabé todas las puertas y fui por la escopeta que había sido de mi padre, me senté en medio de la sala desde donde podía ver si alguien intentaba ingresar a la fuerza, el cansancio me venció y me quedé dormida.

Por la mañana la casa estaba cercada de animales descuartizados, la empleada doméstica yacía frente a la puerta de la casa, su cuerpo estaba tendido e inmóvil, ella llegaba a casa todos los días cerca de la 7 am, salí para ver si podía ayudarla, era demasiado tarde, al parecer su cuello estaba roto, fue cuando de repente de entre los árboles salió un hombre bañado en sangre y me tomó del brazo, me olía y me abrazaba tan fuerte que mis huesos sonaban, otra vez volvía a olerme, como si quisiera estar seguro que yo era quien él había estado buscando, fue cuando llegó Antonio, no lo esperaba regresó antes de su viaje, este engendro no le dio importancia a su automóvil, yo sabía que mi esposo cargaba una pistola, Antonio lo sorprendió por la espalda y le dio dos disparos, pero no le sucedió nada, sólo me soltó dándome el tiempo para correr y meterme en la casa desde donde observé todo, el hombre lo tomó del cuello tan fuerte a mi esposo que se lo partió, yo me desmayé presa de un ataque de pánico.  Al volver en mí estaba en el sótano, él me había puesto sobre mi ropa uno de los viejos vestidos de mi madre, desde aquel día que me grita palabras que no se comprenden balbucea como un niño, creo que regresó por alguien de entre los muertos y se equivocó de lugar, me dice mami ya estoy en casa, mami, mami… Es lo único que se entiende,  durante la noche me trae animales muertos y quiere que se los cocine, esta toda la noche gritando, en varias oportunidades mama de mi pecho, no tienes idea la sangre que ya he perdido ya, se siente un niño y para dormirse quiere ser amantado, mientras suena la caja de música y cuando la cuerda se termina se molesta.

Amparo, ¡Por favor ayúdame! Necesito que hables con mi madre, necesito unas de sus brujerías para que él vuelva al infierno, por favor ayúdame, me está matando lentamente, saca a mi madre del hospital, ayer pude escribir un papel donde te autorizó para que la saques de ahí, este maldito engendro del demonio al parecer conoce a mi madre, me colocó su vestido, quizás la busca a ella y no a mí, necesito que encuentres a mi madre, sé que esto quizás es mi culpa. Busca a mi madre en el hospital ¡por favor ayúdame! Ahora vete, está por despertar, siempre despierta hambriento.

Salí muy lentamente de la casa, cuando estaba en la puerta principal escuché un grito de Luz, atravesé corriendo lo más rápido que pude el bosque, podía escuchar sus gemidos cerca de mí, creí que me alcanzaría y terminaría siendo su cena.

Por la mañana siguiente visité a Ángela en el hospital mental, la mujer llevaba cinco años allí, había dejado de hablar y padecía de depresión, pero iba a intentarlo, no había otra opción,  la policía no me creyó lo que sucedía en la casa de Luz. Mientras le relataba la situación de su hija ella sólo miraba por la ventana como petrificada, unas lágrimas rodaron sobre sus mejillas, se levantó de la silla y cerró su puerta, al darse la vuelta exclamó con dolor.

– No lo llames engendro… ¡No te lo permito!… Él es… ¡Es su hijo! – Dijo Ángela.

No comprendí, Luz jamás había tenido un hijo, le supliqué que me dijera que le sucedía, por qué aquel engendro la torturaba, Ángela se cubría el rostro con ambas manos lloraba y se reía, después dijo.

– Luz tuvo un hermosos y sano varón cuando tenía quince años de edad, yo lo traje al mundo una mañana, jamás contrajo un virus, ella no quería que nadie supiera que esperaba un bebé de su antiguo novio,  quería casarse con aquel hombre rico, yo le ofrecí criarlo pero ella prefirió oscurecer su alma enferma de codicia,  no dejé que se abortara aquel bebé regalo de Dios, pero a ella poco le importo. Aquella mañana en la que nació su niño, una tormenta asechaba en el pueblo, comenzó su trabajo de parto en la habitación, corrí a poner una cacerola de agua a hervir, a los pocos minutos regresé al cuarto quedé dura del susto, mi hija parecía a ver sido poseída por el mismo demonio, gritaba como loca, las paredes estaban chorreando sangre inocente, tenía al pequeño tomado de los pies y lo aventaba contra la pared una y otra vez destrozándolo, le provocó heridas profundas, ella había tenido tan silenciosamente a su bebé que no lo noté, fue tan rápido el parto que era casi inexplicable,  me tomó del cuello y me dijo que jamás le dijera a nadie porque me mataría. Envolví al recién nacido en un paño y corrí bajo la lluvia al bosque, él acaba de morir quizás estaba a tiempo, junto al río le pedí a los espíritus de la noche, le supliqué al amo de la oscuridad que regresara, lo invoqué desesperada, recordé que mi esposo había fabricado una pequeña cabaña donde se quedaba cuando salía a cazar, llené las heridas del niño con mis pócimas y hiervas, continúe conjurando al oscuro, el niño regresó a la vida. Allí cuide de mi nieto, mientras crecía noté que no era de este mundo, su cuerpo era humano pero su espíritu y su esencia no lo eran, cuando mi hija me internó aquí no dejaba de pensar en él, lo llamé Calisto, mi pequeño Calisto  debió de cuidarse solo estos cinco años, tenía apenas doce años cuando ella me apartó de su lado, yo solía ponerle una caja de música para que se calmara, ahora regresó a su hogar donde pertenece para vengarse, el oscuro le dijo que era hora de conocer a su madre y seguir vagando por la tierra de los vivos, saciar su hambre con cuando ser vivo se le crucé.- Dijo la anciana.

– Pero… ¿Entonces no hay salida para Luz?, él mama de su pecho, duerme en su regazo, mató a su esposo…  ¿Por qué? – Pregunté atormentada.

–  Quien muere de forma violenta se va con el oscuro, queda aquí entre ambos mundos, y todo lo observa, Luz se deshizo de él y él ahora acabará con ella, no hay remedio, su hijo la quiere a su lado,  sólo se machará con ella, quiere tenerla junto a él para toda la eternidad, créame señorita, no hay salida lo he visto antes, yo misma le pedí al oscuro que lo traiga de regresó, para vengarme de mi hija por asesinar a mi nieto, por todas las veces que me golpeo, por mi nieto, mi pequeño que no tenía culpa alguna y no merecía morir así.. No intente hacerle daño porque se la verá conmigo, sé que en cualquier momento él vendrá por mí, sólo vivo para esperarlo, es mi nieto y lo amo… Si yo fuera usted no regresaría a esa casa, sólo saldrá herida.  – Dijo Ángela.

– Acabo de firmar su alta señora Ángela usted podrá ayudar a su hija y llevarse a Calisto de regreso al infierno.- Le dije molesta.

– Entonces no hay nada más que hablar regresaré a casa y seremos los tres juntos una familia feliz… ¡Gracias! Por favor no regresé nunca más o me veré obligada a decirle a Calisto que nos proteja de usted.- Dijo Ángela.

 

No podía hacer nada por ella, había asesinado a su recién nacido y este regresó a su hogar, el engendro tenía veintidós años pero su mentalidad era la de un niño, que buscaba afecto a la fuerza. Durante varios años desaparecieron algunas personas, yo sabía que les había pasado, pasaron más de veinte años hasta que me atreví a regresar a su casa, pero oí gritos y me asustó entrar, sólo espero que la interminable pesadilla en la que mi mejor amiga está sumergida termine de una vez, su historia la creerán una leyenda urbana, pero yo lo viví y fue real.

De: Cuentos Sombríos 50 Cuentos de Terror

 

 

Los tres demonios de Lirio. Cuentos de Halloween

Los tres demonios de Lirio. Cuentos de Halloween

  Recuerdo que era la madrugada del 31 de octubre, con mis pies bañados en sangre caminé lentamente por los pasillos de mi casa, todo estaba en silencio, un silencio que busqué durante mucho tiempo, mis oídos estaban ya serenos, el aire se tornaba armonioso, en mi ensombrecida habitación ya no habría gritos de ultratumba, caminé por la casa en penumbras lentamente, con un solo pensamiento en mi mente y este era “tranquilidad”, la más radiante y delicada tranquilidad espiritual y mental, apenas podía oírse mis pies dando pequeños pasos, hasta podía oírse las gotas de agua que caía del grifo en el cuarto de baño, me senté en el sillón junto a la ventana, encendí un cigarrillo en la oscuridad, pude escuchar cómo se quemaba el tabaco, exhalé profundo el humo, la luz de la luna llena se colaba por mi ventana,  ya estaba aliviada, feliz de haber encontrado la paz que tanto ansié. Espero que logren entender porque lo hice, sé que mañana seré perseguida por los terribles crímenes que cometí, seré maldecida, hasta seguramente muchos querrán asesinarme, pero tengo mis buenas razones, yo sólo deseaba un silencio perfecto por eso los maté, créanme que no es fácil para mí redactar toda esta historia después de lo que acabo de hacer, después de los homicidios que he cometido esta noche, sé que necesitaran saber, que fue lo que causo toda esta masacre, no habrá nada en esta vida que me libere de la culpa que siento, sé que van a verme como una mujer loca que miente para manipularlos, pero está en sus corazones creerme o no, cada quien es dueño de sus actos, yo fui muy consciente de los míos  y no me arrepiento de haberlos asesinado.

Quería que mi esposo volviera por culpa de ellos, él se suicidó, mi nombre es Lirio, tengo 38 años, y esta noche asesiné a mis hijos mientras dormían, era extraño verlos dormir, fue maravilloso matarlos, estaban siempre inquietos, haciendo cosas terribles, entre a su cuarto y los apuñalé uno por uno, corté sus gargantas, maté a mis tres niños. Seguramente te preguntaras por qué, pero solo te puedo decir mis razones, aunque no las comprendas, porque no hay razón en el mundo para que una madre termine con la vida de sus hijos, ellos, los tres, eran mis gemelos, los busqué tanto pero tanto, mi querido esposo, David, deseaba más que nada tener hijos pero no podía dejarme embarazada, entonces fuimos a visitar a un medico brujo, un curandero, el cual le dijo a mi marido que debía dejar su cuerpo y su mente libres en la noche del 31 de octubre, aquel día según cuenta la tradición los muertos caminan entre nosotros, se abren las puertas del más allá y todos los demonios y difuntos caminan sobre la tierra, David me llevo a un viejo cementerio, encendió unas velas negras, y siguiendo los conjuros entregados por el viejo brujo que visitamos, se desnudo y se recostó sobre una antigua sepultura, después gritó muchas veces,

– Recibo a los muertos y a los demonios en mi cuerpo, utilicen mi cuerpo esta noche, soy la ofrenda para que posean mi cuerpo, a cambio les pido que me den los hijos que tanto he buscado.- Luego se quedó dormido, no sabía qué hacer, temí acercarme a él.

Luego de varios minutos, se sentó, sus ojos estaban completamente negros, sin brillo, me sonrió, asustada comencé a correr, hasta que él me lanzó sobre el suelo, muchas voces de ultratumba salían de sus labios, su piel estaba dura como la de los muertos.

– Seremos padres amor, es la única manera. – Logré escuchar entre tantas voces que salían de sus labios negros. Hicimos el amor sobre la tumba hasta el amanecer, fue la experiencia sexual más fuerte y sádica de toda mi vida, pensé que moriría, me entregue por amor a mi esposo que estaba poseído por demonios.

Los médicos no comprendían como había logrado el embarazo, durante los primeros siete meses, por la noche, David era poseído por aquellos espíritus, me golpeaba y salía a la calle, siempre regresaba empapado en sangre, por la mañana era nuevamente el esposo dulce del que me enamoré, entonces cuando veía las marcas en mi rostro, se desesperaba, sufría calambres terribles, dolores de cabeza, vomitaba todo el tiempo, estaba como muerto en vida, hacía cosas extrañas, como comer la carne cruda y beber y comer sus propios desechos, una tarde David se arrojó a las vías del tren, me dejó sola, no soportó vivir de esa manera, intentamos varias formas de liberarlo de los demonios que lo habían poseído, pero todo fue en vano, él no resistió la culpa, el dolor y los tormentos a los que los demonios lo sometían y se quitó la vida. Al poco tiempo nacieron mis tres hijos varones,   los niños estaba todo el día comiendo, eran muy grandes para su edad, no podía amamantarlos puesto que habían nacido con dientes, los médicos decían que eso era normal, cuando cumplieron 7 años, los dejé al cuidado de mi madre para salir a trabajar y cuando regresé ella se había ahorcado en el living de mi casa, los niños me dijeron los tres juntos como un macabro coro de demonios,

– No hicimos nada malo, es que la abuela quería jugar al ahorcado.

A los pocos meses, debí dejarlos solos para irme a trabajar, asesinaron a dos niñeras, la primera era una joven de 17 años, a la que obligaron a saltar desde el techo de mi casa, la pobre cayó de cabeza, uno de mis hijos subió y ella al verlo intentó bajarlo, pero supuestamente resbaló y cayó rompiéndose el cuello, eso fue lo que la policía me dijo, pero después los niños riendo dijeron que la obligaron a saltar porque no los había dejado jugar a los cortes con los cuchillos de la cocina. A la segunda niñera, la encontraron desnuda en la tina de baño con las venas cortadas, suicidio dijo la policía, puesto que era una joven problemática, pero no fue así, mis hijos jugaron al fin su juego preferido con ella, este consistía en hacerse cortes con distintos cuchillos y el que más cortes resistía era quien ganaba, ellos me dijeron, los tres juntos como un cántico de ángeles oscuros -“La niñera nos ganó en el juego de corta y sangra” y me enseñaron sus brazos cortados, vi como los cortes se curaban solos en sus bracitos, no pude  contratar más niñeras, no quería que murieran más y más inocentes.

Comencé a dejarlos solos, aquella tarde llegué del trabajo muy agotada hacía un calor insoportable, abrí la nevera y el gato que me acompañó durante 16 años de mi vida estaba congelado, los niños dijeron – No hicimos nada malo mamá, el gatito tenía calor. –

Nada los complacía, estaban días enteros gritando, peleando entre ellos, pidiendo comer a cada rato, varias veces me golpearon, me insultaban, e intentaban juegos sangrientos conmigo, como la noche en que me despertó el puñal que atravesó mi muslo derecho, o la vez que intentaron prenderme fuego en mi cama, el olor a gasolina me despertó justo cuando ellos encendieron un fósforo,  me aterraban mis hijos, estaba todo el día con miedo, ya no deseaba seguir sumergida en el dolor, en las penumbras, en el terror, entonces comencé a pensar en la manera de asesinarlos, intente dejarlos abandonados, los llevé de viaje, los dejé en una vieja catedral, y corrí tan fuerte como pude, pero ellos volvieron al otro día, estaban furiosos y todo empeoro.

Ya no soportaba más sus gritos de ultratumba por la noche, querían dormir conmigo, se pasaban en la madrugada a mi cama y debía de susurrarles canciones para que se durmieran, nunca dormían, con tan solo escucharlos respirar me desquiciaba, entonces les di unos fuertes tranquilizantes en la cena, esperé que se durmieran, les cante viejas canciones de cuna, les leí varios cuentos, tardaron tres largas horas en dormirse plácidamente, después de haberlos acunado como si fueran bebes a uno por uno, al fin se durmieron, entonces  y los apuñale, ahora en mi casa reina el silencio, ahora los demonios no me harán más daño, ahora podré dormir al fin.

Esta es la carta que escribí aquella noche, ellos me obligan a leerla en voz alta cada día, para que recuerde que no morirán jamás,  el porqué había yo asesinado a mis hijos, creí que podría contra mis tres demonios, pero me equivoque, que estúpida fui, la leo con gran vergüenza,  ellos aparentaron haber muerto, solo dos hora de silencio gané al cortas sus cuellos, ellos nacieron y vinieron a quedarse en este mundo,  mis hijos volvieron a la vida o nunca murieron, aún no lo sé, solo recuerdo que me encontraba felizmente fumando mi cigarro en el silencio de una noche hermosa, cuando de repente en la oscuridad iluminados apenas por la luz de la luna que ingresaba por la ventana, mis hijos aparecieron y los tres juntos como un coro de ángeles del infierno exclamaron sonriendo – ¡Mami! Perdiste en corta y sangra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

error: Content is protected !!