Leyendas Urbanas de Halloween  “Dulces Envenenados”

Escrita por: L.C.D

A Dalia le tocó en la noche de Halloween la fastidiosa tarea de acompañar a los niños del vecindario en su búsqueda de dulces tocando puerta por puerta. Todos los años uno de los padres era el encargado de vigilar a los pequeños mientras corrían alegres acumulando dulces y manzanas acarameladas. No es que a Dalia no le gustaran los niños, ella los adoraba, pero tener que controlar a tantos pequeños disfrazados inclusive su hijo era un trabajo agotador. Aún así tenía que reconocer que lo estaba disfrutando más de los que esperaba, los niños se estaban portando muy bien y estaba viendo a su hijo disfrutar de otra noche de brujas. Los vecinos del barrio residencial donde vivía eran realmente amables con los niños, las casas  estaban perfectamente decoradas y lucían espeluznantes,  aunque como en todo vecindario siempre hay una anciana a la que acusan de bruja, a la que todos los niños le tienen miedo, este barrio no era la excepción estaba la Señora Elizabeth, que  era el prototipo de anciana viuda, amargada y mal humorada que aparece en las películas, se había casado cuatro veces y sus esposos habían fallecido de forma misteriosa, aunque se investigo las muertes no había nada que la hiciera culpable, quizás sólo se trataba de mala suerte, pero los comentarios eran que el diablo estaba celoso de sus esposos entonces se los quitaba de su lado,  se comentaba que esta señora practicaba hechicería, aunque todos conocemos el dicho de “Pueblo chico infierno grande” no se trataba nada más que de habladurías, esta vecina recibía a seguido el acoso de los adolescentes y niños que vestían sus árboles de papel higiénico o le arrojan bosta de caballo contra su puerta… Ella era la típica anciana que no devuelve el balón a los niños cuando cae en su jardín y vivía en una vieja casona de esas que provocan escalofríos al pasar, su vivienda estaba en ruinas, se notaba descuidada y sombría.

Dalia sentía pena por esta mujer, cuando ella era pequeña, una vez había tocado su puerta junto a sus amigos en una noche de Halloween y ella los lleno de dulces caseros, y los trato muy gentilmente pero habían pasado más de 20 años y ya nadie acudía a su puerta, entonces le contó a los niños sobre los dulces caseros de Elizabeth y lo buena que había sido con ella y sus amigos, les dijo que debían ir a golpear su puerta sino esos dulces caseros terminarían en la basura, y la anciana habría trabajado en vano para los pequeños vecinos, por lo menos sería una buena excusa para asustar un poco a los niños y poder controlarlos un poco mejor, pero no querían hacerlo entonces Dalia les dijo que ella golpearía para que vieran que la anciana era amable, y ellos pedirían los dulces. Atravesaron la fila de lápidas que decoraban su jardín, había muñecos colgados de los árboles que aparentaban ser personas ahorcadas, una vez frente a su puerta hasta la misma Dalia sintió un poco de miedo, había una extraña estatua que parecía ser un demonio el cual era iluminado por más de 7 velas.

Respiró hondo y golpeo su puerta, su sorpresa fue grande cuando a los pocos segundos de golpear la puerta se abrió, la anciana apareció totalmente cubierta por una sábana blanca, un disfraz improvisado de fantasma que pareció encantarle a los niños, se reían mientras que imitaba a un fantasma repitiendo la palabra – “Booo”. Al fin dejarían de ver a la anciana como una bruja pensó Dalia, comenzó a llenar las canastas de los niños con sus caramelos caseros y sus manzanas acarameladas. Nunca articuló ni una palabra pero sin duda era todo un avance en su actitud. Dalia agradeció su hermoso gesto y se despidió, Elizabeth la abrazó, pero hubo algo que llamo su atención, y era el hecho de que usara guantes estando dentro de la casa, pero la verdad es que la vieja era tan excéntrica que no le dio mayor importancia. Al menos no hasta pasada más de unas dos horas.

El hijo de Margarita su vecina de al lado súbitamente comenzó a vomitar, parecía que se estuviera ahogando y aunque seguía respirando lo hacía de forma muy débil y superficial. Segundos después comenzó a convulsionar en el suelo y sus labios tomaron un color azulado. El tiempo que tardó en llegar la ambulancia se le hizo eterno. Al llegar al hospital el niño estaba en coma, lo entubaron para ayudarlo a respirar, al mismo tiempo otros niños comenzaron a vomitar sangre y salieron a toda velocidad hacia el hospital mientras la sirena de las ambulancias sacudían con su estruendo el pacífico y tranquilo pueblo.

A pesar de todo el esfuerzo del equipo médico seis de los quince niños fallecieron en menos de cuatro horas. El médico de guardia nunca había visto un caso como el de esa noche, pero si había leído mientras cursaba medicina un caso similar. Un envenenamiento por arsénico o por ingerir trozos de vidrios.

Rápidamente Dalia revisó en la mochila que aún llevaba el cadáver de uno de los niños y encontró la bolsa de caramelos que había recolectado ese Halloween. Un inconfundible olor a almendras amargas se desprendía de uno de los caramelos, al partir una de las manzanas caramelizadas encontró en su interior cuchillas de afeitar y agujas. Sin duda alguien había decidido envenenar a todos los niños del barrio o al menos provocar daños graves con agujas y cuchillas escondidas dentro de la comida.

El médico salió corriendo al pasillo y sujetándola fuertemente por los hombros y le empezó a preguntar si había más niños con esos síntomas

– Debemos avisar al resto que los padres que no dejen comer nada a los niños, no podemos permitir que ningún niño más muera. – El médico en su afán por salvar vidas le gritó.

– Le diré a sus padres recorrimos casi todas las casas de este maldito pueblo.- Dijo ella confundida

 

Las lágrimas caían de su rostro, mientras el médico le decía que habían encontrado restos de cianuro en las golosinas que alguien le había regalado a los niños e incluso dentro de una manzana habían agujas y cuchillas de afeitar. Dalia recordó cual fue la única casa donde habían regalado manzanas caramelizadas y entonces empezó a atar todos los cabos, la amabilidad sin precedentes de la anciana, el por qué llevaba guantes dentro de casa.

Sin mediar palabra salió corriendo del hospital al que justo en ese momento llegaba otro niño con los mismos síntomas. Dalia reconociendo las casas de los niños, dijo que avisara por teléfono al resto de madres que no dejaran comer nada a los niños. No dijo nada más ya que subió a un taxi y salió rumbo a la casa de Elizabeth.

Entró en su casa por una ventana, recorrió toda la casa, al llegar a la habitación de la anciana se dio cuenta de que había ingerido sus propios dulces de su boca brotaba una espuma blanca, entonces Dalia la abrazó y exclamó a su oído.

– ¿Abuela que has hecho? ¿Por qué abuela… por qué? – Repetía.

Pocos minutos después llegó la policía y encontró a Dalia sollozando y sentada en la cocina mientras sostenía una carta en la que el verdadero asesino había escrito:

¡FELIZ HALLOWEEN HIJA QUERIDA! Te saluda tu madre desde el infierno…

Nunca encontraron a la madre de Dalia, ella estaba encerrada en el hospital psiquiátrico del pueblo y muchos creían que se había escapado con la ayuda de la anciana Elizabeth quien la había llevado a su casa para que se escondiera, dándole así la posibilidad de esconderse. Un forense determinó que Elizabeth la abuela de Dalia llevaba muerta varias horas y no pudo ser quien entregó los dulces envenenados, muchos creían que su hija quien llevaba años encerrada en un hospital para enfermos mentales, aprovechó su escape para asesinar a su madre y  para envenenar a los pequeños con los dulces. Esa noche fallecieron ocho niños y varios más sufrieron cortes y pinchazos en sus bocas al comer las manzanas inclusive el hijo de Dalia, la mujer disfrazada de fantasma aquella que exclamaba “BOOO” Con tanta felicidad no fue capturada jamás,  Dalia y su madre casi no se conocían pero de todas formas intento asesinarla a ella y a su nieto.

NOTA: Por aterrador que parezca en Estados Unidos se han dado casos de envenenamientos y se han encontrado cuchillas y agujas y drogas en los dulces que algunos desaprensivos regalan a los niños. ¿Leyenda o realidad? Yo por si acaso lo pensaría mucho antes de comer algo que me ha regalado un desconocido.

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luc

Escritora. Genero Terror y Suspenso. Guionista. Locutora Radial. Actriz.

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