Cuentos de Halloween “Tu vida por una historia de terror”

Cuentos de Halloween “Tu vida por una historia de terror”

 

Franco tenía 14 años, no creía en los fantasmas, es más, a todo hecho paranormal le buscaba una explicación simple y lógica,  no se asustaba nunca con nada, lo suyo era la ciencia y la razón. Aquella tarde del viernes 31 de octubre, cuando Paula leyó su historia, a Franco le dio un ataque de risa en frente de todos sus compañeros, le dijo que  su relato era verdaderamente estúpido, que un fantasma jamás podría enamorarse de una persona viva y que más allá de todo tampoco existían los fantasmas. La profesora lo regañó poniéndole tarea doble para que se llevara a su casa. Franco, solía burlarse de sus compañeros de escuela, pese a ser un chico estudioso y aplicado en esta ocasión no escribió nada, las diversas lecturas de historias de terror de sus compañeros le parecían una pérdida de tiempo.

En un momento el aula quedó en completo  silencio y la voz de una niña que provenía del fondo dijo.

-Yo tengo una historia que me gustaría leer.-  Todos se dieron vuelta, y se asombraron, se trataba de Melisa Ross, una niña marginada que nunca hablaba con nadie.

-No hace falta que leas ninguna historia boba, ya tuvimos suficientes, con tu apariencia siempre de negro ya logras asustar.- Dijo Franco y todos rieron.

La profesora otra vez regañó a Franco poniendo un ítem más en su tarea extra y le pidió a Melisa Ross que leyera.

Ella comenzó a leer: Mi historia se llama “Sam, el que come corazones en Halloween”.

Aquella fría y tétrica noche de Halloween, Sam se despertó,  no recordaba cuanto tiempo llevaba durmiendo, seguramente demasiados años,  pero lo que logró que despertara de su letargo fue que escuchó una lejana voz pronunciando su nombre, Como un susurro que viajó con el gélido viento y llego a sus oídos como una súplica. – Sam, Sam, Sam, despierta ya…- Era medianoche y Sam era libre para salir de su oscuro lugar de reposo,  él sabía que no era un niño o un adolescente, no era joven ni viejo, simplemente existía, observó la pálida luz de la luna que se filtraba entre los árboles, durante unos segundos. Recordó que en un tiempo había observado a la gente, no comprendía a las personas cuando las veía  reír o llorar, no entendía porque la gente tenía tantos sentimientos, él nunca había sentido nada, él nunca había tenido un corazón. Aquella noche de Halloween descubrió que había algo que podía sentir  aunque no era ni risa ni llanto, mucho menos amor,  podía sentir el miedo de las gente, eso le despertaba un sentimiento que nunca había tenido, y era rencor por no tener un corazón, entonces pensó en las cosas que asustaban, por ejemplo las historias de horror, si él juntaba muchas historias de terror entonces podría sentir algo, lo descubrió cuando vislumbró la luz de una fogata en medio de bosque y se acercó, escuchó a unos niños contar unas historias de terror. Sam buscaría muchas historias de terror, lo único que quería en el mundo era escuchar a las personas con sus voces temblorosas narrando historias de horror.  Esa noche de brujas entró sigilosamente en una casa, ingresó a una habitación donde un hombre dormía, lo despertó con sus fuertes pasos, el hombre le dijo que se llevara lo que quisiera pero que no le hiciera daño, lo que Sam no comprendió. – Sólo quiero escuchar una historia de terror. – Le dijo con su tosca voz, hacía muchos años que no pronunciaba palabras. El hombre asustado no lo entendió, entonces Sam le dijo – Tu vida por una historia de terror. – Ahora con una fuerte y clara voz.

El hombre aterrado le contó tartamudeando una historia muy corta que había escuchado en una película. Sam conforme con la historia se esfumó de aquella casa dejando al hombre muerto de miedo con la sensación de haber estado al borde de la más dolorosa muerte, aquel espectro lo dejó completamente perturbado.

Sam quería sentir el miedo en las personas, y continuo visitando casas esa noche, de todas se llevó una historia más, salvo de la última casa que visitó, en donde despertó a un adolescente que dormía.   – Tu vida por una historia de terror.- Le dijo Sam.

El chico no entendió, Sam volvió a decir.

– Tu vida por una historia de terror.

El chico aterrado no sabía que decirle ni que contarle, no conocía ninguna historia de horror. Aquella noche los vecinos alertaron a la policía, se habían escuchado gritos desgarradores de una persona. La policía se encontró con el joven muerto en su cama, le habían arrancado el corazón y en las paredes dejaron escrito con su sangre.

“Tu vida por una historia de terror.”

Desde entonces se corrió el rumor y la leyenda de Sam, el que arranca corazones en Halloween, fue pasada de generación en generación. Se dice que cada noche de Brujas, Sam puede visitarte mientras duermes y pedirte una historia de terror, es mejor que le cuentes una o tendrás una muerte terrible, Sam te arrancará  tu corazón.

Cuando Melisa terminó su lectura, todos sus compañeros la observaban con el terror dibujado en sus rostros.

-Es una historia que sacaste de alguna tonta película.- Le dijo Franco.

Ella no respondió nada sólo lo miró a los ojos desafiándolo. Franco sonrió.

-Es un maravillo cuento de terror Melisa, lograste mantenernos a todo escuchándote detenidamente, muy bien logrado.- Dijo la profesora. El timbre de salida resonó en toda la escuela secundaria.

-Cuídate de Sam esta noche, al contar su historia, él despertó.- Le dijo Melisa a Franco al pasar por lado. Franco se rió de ella.

Aquella noche cuando Franco se preparaba para irse a dormir al apagar las luces escuchó un sonido de pasos en toda su habitación, asustado encendió la luz de su velador, frente a su cama, vio a un hombre muy alto vestido con un viejo abrigo largo de color negro todo carcomido por el paso del tiempo,  llevaba puesto un sombrero, el hombre comenzó a acercarse lentamente, cada vez más cerca, Franco apretó sus ojos, estaba tan cerca que sintió su aliento, era como el olor de una tumba vieja, entonces abrió los ojos, y vio a Sam, su rostro era cadavérico,  sus ojos rojos brillaron al exclamar  – Tu vida por una historia de terror.

Franco no sabía ni una sola historia de horror.

“Ya estoy en Casa” Cuentos de Terror

“Ya estoy en Casa” Cuentos de Terror

  

 

La historia que narraré a continuación es muy difícil de creer, son de esas historias que te congelan la sangre hasta darte constantes escalofríos, jamás creí que mi mejor amiga de la infancia terminaría de tal manera, su nombre era Luz, recuerdo que en la escuela, ella era la chica más deseada, quería ser actriz, anhelaba más que nada poder salir de este pequeño y alejado pueblo, cuando teníamos quince años, Luz fue elegida como la reina de la primavera y fue la atracción principal en la carroza el día en que se celebraba los cien años del pueblo, el hermano del intendente se fijó en ella, quedó enamorado, Luz me dijo que aunque él le llevara más de diez años haría lo que fuera por salir del pueblo, dejó a su novio y enamoró perdidamente a Antonio sólo por su dinero. Pero a los dos meses de estar con él una enfermedad contagiosa la tuvo apartada por ocho meses del resto de la gente, nadie más que su madre pudieron tener contacto con ella, ambas vivían en una casa muy linda en medio del bosque, estuve varios meses sin verla, cuando se curó estaba diferente, más distante y fría.

Ángela la madre de Luz, era bruja en sus años de juventud, muchas mujeres del pueblo y de pueblos cercanos acudían a ella, tenía fama de curar enfermedades mediante el uso de hiervas, algunas mujeres que habían sido abandonadas por sus esposos, concurrían a verla para vengarse de sus maridos,  se decía que Ángela tenía poderes y este eran en las artes oscuras, recuerdo que a veces se internaba en el bosque por días, Ángela era una mujer agradable, aunque tuviera fama de ser una bruja del bosque como solían llamarla, había tenido a su hija siendo una mujer mayor  y esta era la luz de sus ojos. Con el correr de los años Luz contrajo matrimonio con Antonio, tenía por aquel entonces dieciocho años, Luz se molestaba cuando su madre se quedaba sola en bosque por días  y comenzó a tratarla realmente mal, ambas discutían mucho, esto llevó a que ella decidiera internar a su madre ya anciana en el hospital para enfermos mentales.

Al internar a Ángela, su casa en el bosque quedó abandonada,  ella iba a irse del pueblo al fin y decidió vender la casa de su madre, se mudó con su esposo allí para dejarla en condiciones antes de marcharse, ellos durante diecisiete años fueron muy felices juntos, él fue intendente del pueblo. Pero no le duro mucho su reinado, Luz comenzó a sumergirse en un mundo de codicia, malgastaba su dinero y rechazaba a sus antiguas amigas, jamás visitaba a su madre, le pidió a su esposo que la llevara a vivir a Buenos Aires, que ya no soportaba ver a las personas del pueblo, pero por aquellos errores cometidos en el pasado Luz debió quedarse para siempre en el pueblo.

Eran cerca de las siete de la tarde cuando mi teléfono me despertó, mi trabajo nocturno me tenía agotada, no es fácil trabajar en la noche como mesera, hay mucha gente de paso y hay que saber cuidarse muy bien, en fin, Luz me llamó para que fuera a su casa dijo que era urgente, su esposo había salido del pueblo por negocios y para buscar un nuevo hogar, regresaba esta mañana, pensé que quizás me necesitaba para embalar sus cosas, pero su voz del otro lado del teléfono se escuchó nerviosa, hacia un mes que no sabía nada de ella, antes conversábamos por horas.

Caminé hasta allá, atravesé el bosque, este estaba resbaladizo debido a la tormenta que se había desatado por la madrugada, noté que no se escuchaban los típicos sonidos de los animales, sólo el crujido de las hojas y ramas secas al pisarlas, al llegar comenzó otra vez a llover, toqué varias veces el timbre y nada nadie salía a recibirme, ni siquiera la empleada doméstica, empujé la puerta y entre, todo estaba a oscuras, un olor pestilente me revolvió el estómago, parecía que había entrado al cementerio, recorrí la casa, pero no la encontraba, percibí un sonido, era como una melodía de una caja de música, de repente oí gritos que venían del sótano, eran chillidos agudos, asustada bajé las escaleras , en el centro mismo del sótano en una silla mecedora vi lo que nadie podría imaginar ni en sus peores pesadillas, Luz estaba sentada  y un hombre calvo de más de cien kilos con un tamaño considerable estaba sentado en sus piernas abrazándola por el cuello con el brazo derecho mientras que se chupaba el dedo gordo de su mano, ella lo intentaba mecer con la mirada perdida en cualquier lado, él dormía produciendo extraños ruidos, era como un bebé gigantesco, el hombre estaba deforme de rostro, su ropa estaba con ensangrentada, ¿Quién era ese extraño hombre que se metió en su casa?  El olor era casi insoportable, tapé mi boca para no gritar cuando vi a un costado de ellos el cuerpo destrozado de Antonio el esposo de Luz, este tenía el pecho y el abdomen abiertos, como si un animal lo hubiera desgarrado, el terror se apoderó de mí, comencé a dar pequeños y silencios pasos hacia atrás, la madera del escalón al crujir  me delató, Luz giró rápidamente la cabeza hacia donde estaba parada, me quedé tiesa al ver su rostro tan golpeado y desesperado.

– No te marches aún… te necesito…él no va hacerte nada está profundamente dormido, ya comió lo suficiente. – Me dijo.

No supe que decir sólo comencé a temblar, me arrimé lentamente, su cabello estaba  mojado en sangre y su rostro pálido, le acerqué un poco de agua la tomó desesperada, el hombre en sus faldas continuaba con el dedo en la boca, ella lo mecía para que no se despertara temía que me dañara.

– Tranquila Luz voy a ayudarte. – Le dije llorando, revisé el perímetro con mis ojos nervioso, quería buscar algo para golpearlo y así Luz y yo escaparíamos.

– Ya nadie puede ayudarme… No busques con qué matarlo, míralo bien, debe medir más de un metro noventa, y no morirá fácilmente, te matará antes de que te des cuenta. – Me contestó.

– ¡Acaso piensas quedarte sometida a él?… Va a matarte, fíjate lo que hizo con tu esposo.- Le dije y levanté una pala en lo alto, le golpearía directamente en la cabeza.

-No lo hagas Amparo, no va a funcionar sé lo que te digo, los disparos en su espalda cicatrizaron pronto, yo le atravesé tres puñaladas en sus piernas y apenas las sintió, va a matarte quédate quieta y escúchame… No me debe quedar mucho tiempo, necesito que permanezcas quieta y escuches bien lo que te diré.- Dijo Luz, dejé la pala, el hombre lanzó un leve quejido y se movió.

– Necesito que le des cuerda a la caja de música, eso al parecer lo tranquiliza. –Dijo Luz y comenzó con su relato.

 

Relato de Luz “Él regresó a su hogar donde pertenece”

 

Esto pasó hace unos tres días, eran cerca de las cuatro de la mañana cuando unos gritos desgarradores me despertaron, venían del bosque, como si los animales hubieran visto al propio diablo, salí de la casa y noté la figura de un hombre que corría entre los árboles,  seguido otra vez los gemidos agudos de los animales, entre a la casa asustada, trabé todas las puertas y fui por la escopeta que había sido de mi padre, me senté en medio de la sala desde donde podía ver si alguien intentaba ingresar a la fuerza, el cansancio me venció y me quedé dormida.

Por la mañana la casa estaba cercada de animales descuartizados, la empleada doméstica yacía frente a la puerta de la casa, su cuerpo estaba tendido e inmóvil, ella llegaba a casa todos los días cerca de la 7 am, salí para ver si podía ayudarla, era demasiado tarde, al parecer su cuello estaba roto, fue cuando de repente de entre los árboles salió un hombre bañado en sangre y me tomó del brazo, me olía y me abrazaba tan fuerte que mis huesos sonaban, otra vez volvía a olerme, como si quisiera estar seguro que yo era quien él había estado buscando, fue cuando llegó Antonio, no lo esperaba regresó antes de su viaje, este engendro no le dio importancia a su automóvil, yo sabía que mi esposo cargaba una pistola, Antonio lo sorprendió por la espalda y le dio dos disparos, pero no le sucedió nada, sólo me soltó dándome el tiempo para correr y meterme en la casa desde donde observé todo, el hombre lo tomó del cuello tan fuerte a mi esposo que se lo partió, yo me desmayé presa de un ataque de pánico.  Al volver en mí estaba en el sótano, él me había puesto sobre mi ropa uno de los viejos vestidos de mi madre, desde aquel día que me grita palabras que no se comprenden balbucea como un niño, creo que regresó por alguien de entre los muertos y se equivocó de lugar, me dice mami ya estoy en casa, mami, mami… Es lo único que se entiende,  durante la noche me trae animales muertos y quiere que se los cocine, esta toda la noche gritando, en varias oportunidades mama de mi pecho, no tienes idea la sangre que ya he perdido ya, se siente un niño y para dormirse quiere ser amantado, mientras suena la caja de música y cuando la cuerda se termina se molesta.

Amparo, ¡Por favor ayúdame! Necesito que hables con mi madre, necesito unas de sus brujerías para que él vuelva al infierno, por favor ayúdame, me está matando lentamente, saca a mi madre del hospital, ayer pude escribir un papel donde te autorizó para que la saques de ahí, este maldito engendro del demonio al parecer conoce a mi madre, me colocó su vestido, quizás la busca a ella y no a mí, necesito que encuentres a mi madre, sé que esto quizás es mi culpa. Busca a mi madre en el hospital ¡por favor ayúdame! Ahora vete, está por despertar, siempre despierta hambriento.

Salí muy lentamente de la casa, cuando estaba en la puerta principal escuché un grito de Luz, atravesé corriendo lo más rápido que pude el bosque, podía escuchar sus gemidos cerca de mí, creí que me alcanzaría y terminaría siendo su cena.

Por la mañana siguiente visité a Ángela en el hospital mental, la mujer llevaba cinco años allí, había dejado de hablar y padecía de depresión, pero iba a intentarlo, no había otra opción,  la policía no me creyó lo que sucedía en la casa de Luz. Mientras le relataba la situación de su hija ella sólo miraba por la ventana como petrificada, unas lágrimas rodaron sobre sus mejillas, se levantó de la silla y cerró su puerta, al darse la vuelta exclamó con dolor.

– No lo llames engendro… ¡No te lo permito!… Él es… ¡Es su hijo! – Dijo Ángela.

No comprendí, Luz jamás había tenido un hijo, le supliqué que me dijera que le sucedía, por qué aquel engendro la torturaba, Ángela se cubría el rostro con ambas manos lloraba y se reía, después dijo.

– Luz tuvo un hermosos y sano varón cuando tenía quince años de edad, yo lo traje al mundo una mañana, jamás contrajo un virus, ella no quería que nadie supiera que esperaba un bebé de su antiguo novio,  quería casarse con aquel hombre rico, yo le ofrecí criarlo pero ella prefirió oscurecer su alma enferma de codicia,  no dejé que se abortara aquel bebé regalo de Dios, pero a ella poco le importo. Aquella mañana en la que nació su niño, una tormenta asechaba en el pueblo, comenzó su trabajo de parto en la habitación, corrí a poner una cacerola de agua a hervir, a los pocos minutos regresé al cuarto quedé dura del susto, mi hija parecía a ver sido poseída por el mismo demonio, gritaba como loca, las paredes estaban chorreando sangre inocente, tenía al pequeño tomado de los pies y lo aventaba contra la pared una y otra vez destrozándolo, le provocó heridas profundas, ella había tenido tan silenciosamente a su bebé que no lo noté, fue tan rápido el parto que era casi inexplicable,  me tomó del cuello y me dijo que jamás le dijera a nadie porque me mataría. Envolví al recién nacido en un paño y corrí bajo la lluvia al bosque, él acaba de morir quizás estaba a tiempo, junto al río le pedí a los espíritus de la noche, le supliqué al amo de la oscuridad que regresara, lo invoqué desesperada, recordé que mi esposo había fabricado una pequeña cabaña donde se quedaba cuando salía a cazar, llené las heridas del niño con mis pócimas y hiervas, continúe conjurando al oscuro, el niño regresó a la vida. Allí cuide de mi nieto, mientras crecía noté que no era de este mundo, su cuerpo era humano pero su espíritu y su esencia no lo eran, cuando mi hija me internó aquí no dejaba de pensar en él, lo llamé Calisto, mi pequeño Calisto  debió de cuidarse solo estos cinco años, tenía apenas doce años cuando ella me apartó de su lado, yo solía ponerle una caja de música para que se calmara, ahora regresó a su hogar donde pertenece para vengarse, el oscuro le dijo que era hora de conocer a su madre y seguir vagando por la tierra de los vivos, saciar su hambre con cuando ser vivo se le crucé.- Dijo la anciana.

– Pero… ¿Entonces no hay salida para Luz?, él mama de su pecho, duerme en su regazo, mató a su esposo…  ¿Por qué? – Pregunté atormentada.

–  Quien muere de forma violenta se va con el oscuro, queda aquí entre ambos mundos, y todo lo observa, Luz se deshizo de él y él ahora acabará con ella, no hay remedio, su hijo la quiere a su lado,  sólo se machará con ella, quiere tenerla junto a él para toda la eternidad, créame señorita, no hay salida lo he visto antes, yo misma le pedí al oscuro que lo traiga de regresó, para vengarme de mi hija por asesinar a mi nieto, por todas las veces que me golpeo, por mi nieto, mi pequeño que no tenía culpa alguna y no merecía morir así.. No intente hacerle daño porque se la verá conmigo, sé que en cualquier momento él vendrá por mí, sólo vivo para esperarlo, es mi nieto y lo amo… Si yo fuera usted no regresaría a esa casa, sólo saldrá herida.  – Dijo Ángela.

– Acabo de firmar su alta señora Ángela usted podrá ayudar a su hija y llevarse a Calisto de regreso al infierno.- Le dije molesta.

– Entonces no hay nada más que hablar regresaré a casa y seremos los tres juntos una familia feliz… ¡Gracias! Por favor no regresé nunca más o me veré obligada a decirle a Calisto que nos proteja de usted.- Dijo Ángela.

 

No podía hacer nada por ella, había asesinado a su recién nacido y este regresó a su hogar, el engendro tenía veintidós años pero su mentalidad era la de un niño, que buscaba afecto a la fuerza. Durante varios años desaparecieron algunas personas, yo sabía que les había pasado, pasaron más de veinte años hasta que me atreví a regresar a su casa, pero oí gritos y me asustó entrar, sólo espero que la interminable pesadilla en la que mi mejor amiga está sumergida termine de una vez, su historia la creerán una leyenda urbana, pero yo lo viví y fue real.

De: Cuentos Sombríos 50 Cuentos de Terror

 

 

El Fantasma de Barracas “La leyenda de Felicitas Guerrero”

En 1872 la joven Felicitas fue asesinada, era considerada una de las mujeres más hermosas de la época. En el lugar donde la mataron, edificaron una iglesia para su eterno descanso, según cuenta la leyenda su espíritu aparece…

La leyenda cuenta que la joven y bella Felicitas Guerrero de Alzaga se aparece vestida de blanco, que se la ve con lo que queda de un viejo vestido de época, otros dicen que en realidad es una túnica mortuoria más acorde con sus desgracias, Felicitas no hizo honor a su nombre, en su vida no fue feliz, ya que la tragedia parecía seguirla, muchos de los que dicen haber visto su espíritu dice que lloraba desconsoladamente.

Los cronistas, la belleza y el dinero no fueron suficientes para otorgarle la felicidad a esta famosa mujer de la sociedad de 1830, quien  fue casada por sus padres a los 16 años, en un matrimonio arreglado, con un hombre que le llevaba tres décadas, pero que era el más rico de toda la nación: don Martín de Alzaga.

Felicitas, como la han conocido generaciones de bonarenses, no se rehusó y aceptó su nueva posición como esposa de Alzaga.

Felicitas Guerrero de Alzaga fue una viuda joven, rica y hermosa, pero una maldición hizo que su alma jamás descansara en paz.

Cuentan que empezó a aparecerse en los años 1930, y que cada 30 de enero vuelve a pasearse sin remordimientos por la iglesia que lleva su nombre y que desde siempre carga con su leyenda y su espanto. Un templo con muchas historias, en donde nadie quiere casarse. Como todos los fantasmas, ella también tiene un origen trágico, reconstruido una y otra vez, durante años; Felicitas Guerrero era preciosa aunque desgraciada, a los 15 años se casó con Martín de Alzaga, que le doblaba la edad, y con él tuvo dos hijos, uno murió a los seis años y otro nació sin vida. A los 26 años, ella ya había enviudado. La leyenda narra que a pesar de su belleza y de una fortuna incalculable, quedó rodeada de muerte. Luego del luto por perder a su familia, esposo e hijos, comienza a asistir a diversas fiestas de la sociedad; era famosa no sólo por su belleza, sino también por su dulzura y buen carácter por lo que los pretendientes le sobraban. En una de esas fiestas conoce a Enrique Ocampo (tío de Victoria) que le declara su amor; comenzó a acosarla y perseguirla y a Felicitas que en un principio se había sentido atraída, ya le estaba resultando molesta su presencia. Enrique prometió transformarse en su sombra….

Los galanes de la alta sociedad no tardaron en festejarla, en querer conquistarla por su belleza y su fortuna. Comentan que ella eligió a uno entre tantos, y quien otro desesperado, otro de sus pretendientes la asesinó porque ella lo despreció, el hombre envuelto en ira le hecho una maldición, “Te daré una y mil veces la muerte” prometió Enrique Ocampo, una sola bala resultó suficiente para acabar con la vida de la joven mujer, un 30 de enero, ella muere en brazos de sus padres. Estos, que habían heredado todos los bienes de Felicitas ya que no tenía descendientes, optaron por mandar a construir una Iglesia en el mismo lugar donde su hija había fallecido, para recordarla; la placa dice: “Capilla de Santa Felicitas. Fundada el 30 de enero de 1879 por Carlos J. Guerrero y Felicitas C. de Guerrero en memoria de su hija Felicitas G. de Alzaga”. Dato agregado por Claudio de Corrientes: “ sabían que Felicitas tenía una ´´nanna´´ negra que la crío y que al morir su ama enloqueció y , según la historia, fue la que primero vio el fantasma”

Aseguran que la maldición del pretendiente aún le impide descansar en paz, que el fantasma de Felicitas vive ahí y que incluso a veces la escucha llorar, asegura que hay quienes juran escuchar campanas que se agitan solas o haber sido testigos de tragedias y amores rotos, y que varias parejas evitan dar el sí en esa iglesia donde actualmente es custodiada por decenas de gatos. Otros relatan que hubo novios y novias que se arrojaron desde su torre.

Pero también algunos aseguran que las rejas, en cambio, les devuelven a los amantes despechados su amor para siempre, sólo deberán ir hasta la entrada y atar un pañuelo blanco en cualquiera de sus barrotes que cercan la iglesia, y pedir que el amor llegue a sus vidas o pedir que regrese el amor perdido, (aunque el cura encargado de la iglesia asegura que es frecuente encontrar ropa interior atada).

En el barrio prefieren mantener viva la leyenda. Algunos aventuran que el cuerpo de Felicitas busca descanso eterno en el cementerio de Recoleta. Otros sostienen que está enterrado en la iglesia que, además, le da lugar al mito. Lo cierto es que cada 30 de enero, los más desdichados siguen dejando pañuelos o cintas blancas atados en sus rejas, como ofrendas de amor y sus pedidos son concedidos. No les importa lo demás, si aparecen mojados, con lágrimas de Felicitas, habrá deseos cumplidos y el amor por fin llegará. Y será para siempre.

No paso mucho tiempo para que la historia del fantasma de felicitas fuera desparramada por quienes intentaron contraer matrimonio en esta iglesia levantada donde fue el sangriento asesinato de la joven viuda, muchos afirman haberla visto cada 30 de enero fecha de su asesinato, llorando y gritando desconsoladamente detrás de la rejas de la iglesia, pidiendo ayuda o cada noche de tormenta, puede oírse el sonido de las campanas.

La estatua de felicitas

Hay algo más allá de esta trágica historia, dicen que cada persona que osa tocar la excepcional estatua que representa a Felicitas junto a su difundo hijo Felix, se llena de desgracias, A pesar de ser una hermosa iglesia, es la menos elegida para casamientos: la trágica historia aún pisa fuerte. Cuentan que si tocas la estatua, las peores desgracias te caerán, pero si tocas las rejas de la entrada, recuperarás tu amor para siempre. Los vecinos dicen que el fantasma de la viuda aún vaga por allí, y que todos los 30 de enero, se la puede ver en su vestido blanco, llorando desconsolada frente a las rejas y que las noches de tormenta suenan, sin causa lógica, las campanas. Al parecer los ángeles que reposan en la Iglesia también han sido protagonistas de historia que parecen estar relacionadas con fenómenos paranormales. De acuerdo a las crónicas, en 1981, la Iglesia fue donada al Municipio, el cual inició una restauración. El encargado fue el arquitecto Devincenzi, quien decidió comenzar por las alas de los ángeles. Dicen que cuando empezó a tallarlas, las campanas de la Iglesia doblaron, sin que nadie las hubiese tocado, según algunos vecinos,  no es raro que suceda de vez en cuando.

según los creyentes, el fantasma de Felicitas sigue atado a este lugar sin entender por qué no puede conocer el amor y ser feliz, mientras llora eternamente la desgracia que cayó en su vida, ayudando con sus lágrimas a que aquellos que hayan perdido su amor lo recuperen. Aunque la leyenda también advierte a los que son felices a que mejor no se acerquen a este lugar, donde aún habita la maldición de Felicitas Guerrero.

Así que si estabas por visitar esta iglesia y la estatua de felicitas y su hijo Felix no oses tocarlos porque una terrible maldición te acompañara el resto de tu vida.

La Historia de Halloween o Noche de Bruja

Halloween es una fiesta de origen celta que marca el inicio del invierno, comienza la noche del 31 de octubre. Según la creencia es el momento en el que se abría la puerta que permitía a los muertos saldar cuentas con los vivos. Es una fiesta que se celebra principalmente en Estados Unidos en la noche del 31 de octubre. Tiene origen en la festividad celta del Samhain y la festividad cristiana del Día de todos los santos. En gran parte, es una celebración secular aunque algunos consideran que posee un trasfondo religioso. Los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de la tradición a América del Norte durante la Gran hambruna irlandesa de 1840. La palabra Halloween es una derivación de la expresión inglesa All Hallow’s Eve en español, “Víspera de Todos los Santos”. Se celebraba en los países anglosajones, principalmente en Canadá, Estados Unidos, Irlanda y el Reino Unido. La fuerza expansiva de la cultura de EE. UU ha hecho que Halloween se haya popularizado también en otros países occidentales. El día se asocia a menudo con los colores naranja y negro, las actividades típicas de Halloween son el famoso truco o trato y las fiestas de disfraces, además de las hogueras, la visita de casas encantadas, las bromas, la lectura de historias de miedo y las maratones de películas de terror que vemos con las luces apagadas. Hace más de 2.000 años, la noche de Samhain, los celtas apagaban las luces y esperaban que la muerte no tocara a sus puertas. Esa noche era especial, los espíritus volvían a caminar por la tierra, buscando poseer a los vivos. Por eso no se encendía ningún fuego, las casas permanecían frías y oscuras, sus dueños se vestían fúnebremente para evitar la atención de los muertos. Samhain El Samhain es una palabra que proviene del irlandés antiguo samain, samuin o samfuin, donde sam significa “verano” y fuin, “fin”; lo que muy probablemente puede ser interpretado como “fin del verano”. El Samhain es una antigua festividad celta que tiene más de 3000 años de antigüedad, lo que la convierte quizá en una de las celebraciones más antiguas de la historia humana , que se realizaba durante la noche del 31 de octubre y que ponía fin a la temporada de cosecha, tercera y última del año, por lo que también se le consideraba como el Año Nuevo Celta que a su vez, daba fin a la temporada anual de luz y marcaba el inicio a la temporada más oscura del año, es decir, la temporada de invierno donde todo es más frío, oscuro y no es posible la siembra. El Samhain de esta manera era entendido como una celebración de vida y de renacimiento a través de la muerte. A menudo, el Samhain era una época para realizar un balance de las cosechas y del ganado que tendría que ser sacrificado para sobrevivir durante la temporada más oscura del año. Los antiguos celtas acostumbraban a encender grandes fogatas y caminar alrededor de éstas, acompañados de sus animales o bien, vistiendo pieles de animales, como símbolo de purificación. Se creía también que debido a que era el inicio de la temporada de oscuridad que, a su vez, daba lugar a muchas muertes dada la falta de comida, durante el Samhain las puertas que dividían al mundo de los vivos y los muertos se abrían y permitían el libre tránsito de las almas y otros espíritus que por esa noche podían convivir nuevamente con sus familiares vivos. De esta manera, para que los vivos pudieran estar en comunión con dichos espíritus la gente acostumbraba a dejar comida en altares que colocaba en las puertas de sus casas para que los muertos comieran y bebieran tranquilamente. Se pensaba además que, de no ofrecer la comida, los espíritus podrían enojarse y causar cualquier clase de problemas, por eso era tan importante este ritual, además de encender fogatas y hacer un balance de las cosechas y también de utilizar máscaras que los protegerían contra dichos espíritus. Como ha ocurrido con muchas fiestas, tradiciones y dioses de diversas culturas alrededor del mundo, con la llegada del cristianismo se declaró el Samhain como una festividad pagana, asociada con Satanás, y con la brujería, razón por la cual, hoy en día se entienda como una celebración Wicca. Al mismo tiempo, el cristianismo y, más tarde el catolicismo, la absorbió como parte de sus propias festividades, de esta manera el Samhain pronto se asoció con el Día de los Fieles Difuntos y poco después con el Día de Todos los Santos, ambas celebradas en todo el mundo católico hoy en día; a su vez, en países anglosajones evolucionó en la celebración actual de Halloween que en inglés significa “All Hallows Eve”, es decir, Día de Todos los Santos, volviéndose especialmente importante en Estados Unidos y, más recientemente, en países de América Latina. Truco o Trato Originalmente el Truco o Trato , en inglés “Trick-or-treat”, era una leyenda popular de origen céltico según la cual no solo los espíritus de los difuntos eran libres de vagar por la Tierra la noche de Halloween, sino toda clase de entes procedentes de todos los reinos espirituales. Entre ellos había uno terriblemente malévolo que deambulaba por pueblos y aldeas, yendo de casa en casa pidiendo precisamente “truco o trato”. La leyenda asegura que lo mejor era hacer trato, sin importar el costo que éste tuviera, de no pactar con este espíritu, él usaría sus poderes para hacer “truco”, que consistiría en maldecir la casa y a sus habitantes, dándoles toda clase de infortunios y maldiciones como enfermar a la familia, matar al ganado con pestes o hasta quemar la propia vivienda. Como protección surgió la idea de crear en las calabazas formas horrendas, para así evitar encontrarse con dicho espectro (y con el tiempo, debido a la asociación mental entre el espíritu y las calabazas, el nombre de este sería dado a ellas, que es como son conocidas hoy día cuando llega esta fiesta). Realmente, aunque se ha generalizado la traducción “truco” en castellano por el inglés “trick” y “trato” literalmente por “treat”, en el caso del “Trick-or-treating” no se trata de un truco propiamente dicho sino más bien de un susto o una broma por lo que una traducción más exacta sería por ejemplo “dulce o susto”. En la actualidad, los niños se disfrazan para la ocasión y pasean por las calles pidiendo dulces de puerta en puerta. Después de llamar a la puerta los niños pronuncian la frase “truco o trato”, “dulce o truco” o “dulce o travesura”, proveniente de la expresión inglesa trick or treat. Si los adultos les dan caramelos, dinero o cualquier otro tipo de recompensa, se interpreta que han aceptado el trato. Si por el contrario se niegan, los chicos les gastarán una pequeña broma, siendo la más común arrojar huevos o espuma de afeitar contra la puerta. El recorrido infantil en busca de golosinas probablemente enlace con la tradición neerlandesa de la Fiesta de San Martín Hoy en día Halloween es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense. Los países latinoamericanos, aunque conocen la festividad de Halloween, tienen sus propias festividades y tradiciones, la coincidencia es que  la unión o extrema cercanía del mundo de los vivos y el reino de los muertos.

Dulce Halloween

La costumbre de pedir dulces de puerta en puerta trick-or-treating,  se popularizó alrededor de 1930. Según se cree, no se remonta a la cultura celta sino que deriva de una práctica que surgió en Europa durante el siglo IX llamada souling, una especie de servicio para las almas. El 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, los cristianos primitivos iban de pueblo en pueblo mendigando “pasteles de difuntos” soul cakes, que eran trozos de pan con pasas de uva. Cuantos más pasteles recibieran los mendigos, mayor sería el número de oraciones que rezarían por el alma de los parientes muertos de sus benefactores. En esa época se creía que los muertos permanecían en el limbo durante un período posterior a su fallecimiento y que las oraciones, incluso rezadas por extraños, podían acelerar el ingreso del alma al cielo. La práctica se difundió en Estados Unidos como un intento de las autoridades por controlar los desmanes que se producían durante la noche de Halloween. Hacia fines del siglo XIX, algunos sectores de la población consideraban la noche del 31 de octubre como un momento de diversión a costa de los demás, probablemente inspirado por la “noche traviesa” Mischief Night que formaba parte de la cultura irlandesa y escocesa. La diversión consistía en derribar cercos, enjabonar ventanas y taponar chimeneas, pero gradualmente dio lugar a actos de crueldad contra personas y animales, llegando a su punto máximo en la década de 1920 con las masacres perpetradas por los enmascarados del Ku Klux Klan. Diversos grupos de la comunidad comenzaron a proponer alternativas de diversión familiar para contrarrestar el vandalismo: concursos de calabazas talladas y disfraces o fiestas para niños y adultos. De este modo, se proponían retomar el espíritu de los primitivos cristianos, que iban casa por casa disfrazados o con máscaras ofreciendo una sencilla representación o un número musical a cambio de alimento y bebida.

 

 

 

 

Leyendas Urbanas de Halloween  “Dulces Envenenados”

Escrita por: L.C.D

A Dalia le tocó en la noche de Halloween la fastidiosa tarea de acompañar a los niños del vecindario en su búsqueda de dulces tocando puerta por puerta. Todos los años uno de los padres era el encargado de vigilar a los pequeños mientras corrían alegres acumulando dulces y manzanas acarameladas. No es que a Dalia no le gustaran los niños, ella los adoraba, pero tener que controlar a tantos pequeños disfrazados inclusive su hijo era un trabajo agotador. Aún así tenía que reconocer que lo estaba disfrutando más de los que esperaba, los niños se estaban portando muy bien y estaba viendo a su hijo disfrutar de otra noche de brujas. Los vecinos del barrio residencial donde vivía eran realmente amables con los niños, las casas  estaban perfectamente decoradas y lucían espeluznantes,  aunque como en todo vecindario siempre hay una anciana a la que acusan de bruja, a la que todos los niños le tienen miedo, este barrio no era la excepción estaba la Señora Elizabeth, que  era el prototipo de anciana viuda, amargada y mal humorada que aparece en las películas, se había casado cuatro veces y sus esposos habían fallecido de forma misteriosa, aunque se investigo las muertes no había nada que la hiciera culpable, quizás sólo se trataba de mala suerte, pero los comentarios eran que el diablo estaba celoso de sus esposos entonces se los quitaba de su lado,  se comentaba que esta señora practicaba hechicería, aunque todos conocemos el dicho de “Pueblo chico infierno grande” no se trataba nada más que de habladurías, esta vecina recibía a seguido el acoso de los adolescentes y niños que vestían sus árboles de papel higiénico o le arrojan bosta de caballo contra su puerta… Ella era la típica anciana que no devuelve el balón a los niños cuando cae en su jardín y vivía en una vieja casona de esas que provocan escalofríos al pasar, su vivienda estaba en ruinas, se notaba descuidada y sombría.

Dalia sentía pena por esta mujer, cuando ella era pequeña, una vez había tocado su puerta junto a sus amigos en una noche de Halloween y ella los lleno de dulces caseros, y los trato muy gentilmente pero habían pasado más de 20 años y ya nadie acudía a su puerta, entonces le contó a los niños sobre los dulces caseros de Elizabeth y lo buena que había sido con ella y sus amigos, les dijo que debían ir a golpear su puerta sino esos dulces caseros terminarían en la basura, y la anciana habría trabajado en vano para los pequeños vecinos, por lo menos sería una buena excusa para asustar un poco a los niños y poder controlarlos un poco mejor, pero no querían hacerlo entonces Dalia les dijo que ella golpearía para que vieran que la anciana era amable, y ellos pedirían los dulces. Atravesaron la fila de lápidas que decoraban su jardín, había muñecos colgados de los árboles que aparentaban ser personas ahorcadas, una vez frente a su puerta hasta la misma Dalia sintió un poco de miedo, había una extraña estatua que parecía ser un demonio el cual era iluminado por más de 7 velas.

Respiró hondo y golpeo su puerta, su sorpresa fue grande cuando a los pocos segundos de golpear la puerta se abrió, la anciana apareció totalmente cubierta por una sábana blanca, un disfraz improvisado de fantasma que pareció encantarle a los niños, se reían mientras que imitaba a un fantasma repitiendo la palabra – “Booo”. Al fin dejarían de ver a la anciana como una bruja pensó Dalia, comenzó a llenar las canastas de los niños con sus caramelos caseros y sus manzanas acarameladas. Nunca articuló ni una palabra pero sin duda era todo un avance en su actitud. Dalia agradeció su hermoso gesto y se despidió, Elizabeth la abrazó, pero hubo algo que llamo su atención, y era el hecho de que usara guantes estando dentro de la casa, pero la verdad es que la vieja era tan excéntrica que no le dio mayor importancia. Al menos no hasta pasada más de unas dos horas.

El hijo de Margarita su vecina de al lado súbitamente comenzó a vomitar, parecía que se estuviera ahogando y aunque seguía respirando lo hacía de forma muy débil y superficial. Segundos después comenzó a convulsionar en el suelo y sus labios tomaron un color azulado. El tiempo que tardó en llegar la ambulancia se le hizo eterno. Al llegar al hospital el niño estaba en coma, lo entubaron para ayudarlo a respirar, al mismo tiempo otros niños comenzaron a vomitar sangre y salieron a toda velocidad hacia el hospital mientras la sirena de las ambulancias sacudían con su estruendo el pacífico y tranquilo pueblo.

A pesar de todo el esfuerzo del equipo médico seis de los quince niños fallecieron en menos de cuatro horas. El médico de guardia nunca había visto un caso como el de esa noche, pero si había leído mientras cursaba medicina un caso similar. Un envenenamiento por arsénico o por ingerir trozos de vidrios.

Rápidamente Dalia revisó en la mochila que aún llevaba el cadáver de uno de los niños y encontró la bolsa de caramelos que había recolectado ese Halloween. Un inconfundible olor a almendras amargas se desprendía de uno de los caramelos, al partir una de las manzanas caramelizadas encontró en su interior cuchillas de afeitar y agujas. Sin duda alguien había decidido envenenar a todos los niños del barrio o al menos provocar daños graves con agujas y cuchillas escondidas dentro de la comida.

El médico salió corriendo al pasillo y sujetándola fuertemente por los hombros y le empezó a preguntar si había más niños con esos síntomas

– Debemos avisar al resto que los padres que no dejen comer nada a los niños, no podemos permitir que ningún niño más muera. – El médico en su afán por salvar vidas le gritó.

– Le diré a sus padres recorrimos casi todas las casas de este maldito pueblo.- Dijo ella confundida

 

Las lágrimas caían de su rostro, mientras el médico le decía que habían encontrado restos de cianuro en las golosinas que alguien le había regalado a los niños e incluso dentro de una manzana habían agujas y cuchillas de afeitar. Dalia recordó cual fue la única casa donde habían regalado manzanas caramelizadas y entonces empezó a atar todos los cabos, la amabilidad sin precedentes de la anciana, el por qué llevaba guantes dentro de casa.

Sin mediar palabra salió corriendo del hospital al que justo en ese momento llegaba otro niño con los mismos síntomas. Dalia reconociendo las casas de los niños, dijo que avisara por teléfono al resto de madres que no dejaran comer nada a los niños. No dijo nada más ya que subió a un taxi y salió rumbo a la casa de Elizabeth.

Entró en su casa por una ventana, recorrió toda la casa, al llegar a la habitación de la anciana se dio cuenta de que había ingerido sus propios dulces de su boca brotaba una espuma blanca, entonces Dalia la abrazó y exclamó a su oído.

– ¿Abuela que has hecho? ¿Por qué abuela… por qué? – Repetía.

Pocos minutos después llegó la policía y encontró a Dalia sollozando y sentada en la cocina mientras sostenía una carta en la que el verdadero asesino había escrito:

¡FELIZ HALLOWEEN HIJA QUERIDA! Te saluda tu madre desde el infierno…

Nunca encontraron a la madre de Dalia, ella estaba encerrada en el hospital psiquiátrico del pueblo y muchos creían que se había escapado con la ayuda de la anciana Elizabeth quien la había llevado a su casa para que se escondiera, dándole así la posibilidad de esconderse. Un forense determinó que Elizabeth la abuela de Dalia llevaba muerta varias horas y no pudo ser quien entregó los dulces envenenados, muchos creían que su hija quien llevaba años encerrada en un hospital para enfermos mentales, aprovechó su escape para asesinar a su madre y  para envenenar a los pequeños con los dulces. Esa noche fallecieron ocho niños y varios más sufrieron cortes y pinchazos en sus bocas al comer las manzanas inclusive el hijo de Dalia, la mujer disfrazada de fantasma aquella que exclamaba “BOOO” Con tanta felicidad no fue capturada jamás,  Dalia y su madre casi no se conocían pero de todas formas intento asesinarla a ella y a su nieto.

NOTA: Por aterrador que parezca en Estados Unidos se han dado casos de envenenamientos y se han encontrado cuchillas y agujas y drogas en los dulces que algunos desaprensivos regalan a los niños. ¿Leyenda o realidad? Yo por si acaso lo pensaría mucho antes de comer algo que me ha regalado un desconocido.

Los tres demonios de Lirio. Cuentos de Halloween

Los tres demonios de Lirio. Cuentos de Halloween

  Recuerdo que era la madrugada del 31 de octubre, con mis pies bañados en sangre caminé lentamente por los pasillos de mi casa, todo estaba en silencio, un silencio que busqué durante mucho tiempo, mis oídos estaban ya serenos, el aire se tornaba armonioso, en mi ensombrecida habitación ya no habría gritos de ultratumba, caminé por la casa en penumbras lentamente, con un solo pensamiento en mi mente y este era “tranquilidad”, la más radiante y delicada tranquilidad espiritual y mental, apenas podía oírse mis pies dando pequeños pasos, hasta podía oírse las gotas de agua que caía del grifo en el cuarto de baño, me senté en el sillón junto a la ventana, encendí un cigarrillo en la oscuridad, pude escuchar cómo se quemaba el tabaco, exhalé profundo el humo, la luz de la luna llena se colaba por mi ventana,  ya estaba aliviada, feliz de haber encontrado la paz que tanto ansié. Espero que logren entender porque lo hice, sé que mañana seré perseguida por los terribles crímenes que cometí, seré maldecida, hasta seguramente muchos querrán asesinarme, pero tengo mis buenas razones, yo sólo deseaba un silencio perfecto por eso los maté, créanme que no es fácil para mí redactar toda esta historia después de lo que acabo de hacer, después de los homicidios que he cometido esta noche, sé que necesitaran saber, que fue lo que causo toda esta masacre, no habrá nada en esta vida que me libere de la culpa que siento, sé que van a verme como una mujer loca que miente para manipularlos, pero está en sus corazones creerme o no, cada quien es dueño de sus actos, yo fui muy consciente de los míos  y no me arrepiento de haberlos asesinado.

Quería que mi esposo volviera por culpa de ellos, él se suicidó, mi nombre es Lirio, tengo 38 años, y esta noche asesiné a mis hijos mientras dormían, era extraño verlos dormir, fue maravilloso matarlos, estaban siempre inquietos, haciendo cosas terribles, entre a su cuarto y los apuñalé uno por uno, corté sus gargantas, maté a mis tres niños. Seguramente te preguntaras por qué, pero solo te puedo decir mis razones, aunque no las comprendas, porque no hay razón en el mundo para que una madre termine con la vida de sus hijos, ellos, los tres, eran mis gemelos, los busqué tanto pero tanto, mi querido esposo, David, deseaba más que nada tener hijos pero no podía dejarme embarazada, entonces fuimos a visitar a un medico brujo, un curandero, el cual le dijo a mi marido que debía dejar su cuerpo y su mente libres en la noche del 31 de octubre, aquel día según cuenta la tradición los muertos caminan entre nosotros, se abren las puertas del más allá y todos los demonios y difuntos caminan sobre la tierra, David me llevo a un viejo cementerio, encendió unas velas negras, y siguiendo los conjuros entregados por el viejo brujo que visitamos, se desnudo y se recostó sobre una antigua sepultura, después gritó muchas veces,

– Recibo a los muertos y a los demonios en mi cuerpo, utilicen mi cuerpo esta noche, soy la ofrenda para que posean mi cuerpo, a cambio les pido que me den los hijos que tanto he buscado.- Luego se quedó dormido, no sabía qué hacer, temí acercarme a él.

Luego de varios minutos, se sentó, sus ojos estaban completamente negros, sin brillo, me sonrió, asustada comencé a correr, hasta que él me lanzó sobre el suelo, muchas voces de ultratumba salían de sus labios, su piel estaba dura como la de los muertos.

– Seremos padres amor, es la única manera. – Logré escuchar entre tantas voces que salían de sus labios negros. Hicimos el amor sobre la tumba hasta el amanecer, fue la experiencia sexual más fuerte y sádica de toda mi vida, pensé que moriría, me entregue por amor a mi esposo que estaba poseído por demonios.

Los médicos no comprendían como había logrado el embarazo, durante los primeros siete meses, por la noche, David era poseído por aquellos espíritus, me golpeaba y salía a la calle, siempre regresaba empapado en sangre, por la mañana era nuevamente el esposo dulce del que me enamoré, entonces cuando veía las marcas en mi rostro, se desesperaba, sufría calambres terribles, dolores de cabeza, vomitaba todo el tiempo, estaba como muerto en vida, hacía cosas extrañas, como comer la carne cruda y beber y comer sus propios desechos, una tarde David se arrojó a las vías del tren, me dejó sola, no soportó vivir de esa manera, intentamos varias formas de liberarlo de los demonios que lo habían poseído, pero todo fue en vano, él no resistió la culpa, el dolor y los tormentos a los que los demonios lo sometían y se quitó la vida. Al poco tiempo nacieron mis tres hijos varones,   los niños estaba todo el día comiendo, eran muy grandes para su edad, no podía amamantarlos puesto que habían nacido con dientes, los médicos decían que eso era normal, cuando cumplieron 7 años, los dejé al cuidado de mi madre para salir a trabajar y cuando regresé ella se había ahorcado en el living de mi casa, los niños me dijeron los tres juntos como un macabro coro de demonios,

– No hicimos nada malo, es que la abuela quería jugar al ahorcado.

A los pocos meses, debí dejarlos solos para irme a trabajar, asesinaron a dos niñeras, la primera era una joven de 17 años, a la que obligaron a saltar desde el techo de mi casa, la pobre cayó de cabeza, uno de mis hijos subió y ella al verlo intentó bajarlo, pero supuestamente resbaló y cayó rompiéndose el cuello, eso fue lo que la policía me dijo, pero después los niños riendo dijeron que la obligaron a saltar porque no los había dejado jugar a los cortes con los cuchillos de la cocina. A la segunda niñera, la encontraron desnuda en la tina de baño con las venas cortadas, suicidio dijo la policía, puesto que era una joven problemática, pero no fue así, mis hijos jugaron al fin su juego preferido con ella, este consistía en hacerse cortes con distintos cuchillos y el que más cortes resistía era quien ganaba, ellos me dijeron, los tres juntos como un cántico de ángeles oscuros -“La niñera nos ganó en el juego de corta y sangra” y me enseñaron sus brazos cortados, vi como los cortes se curaban solos en sus bracitos, no pude  contratar más niñeras, no quería que murieran más y más inocentes.

Comencé a dejarlos solos, aquella tarde llegué del trabajo muy agotada hacía un calor insoportable, abrí la nevera y el gato que me acompañó durante 16 años de mi vida estaba congelado, los niños dijeron – No hicimos nada malo mamá, el gatito tenía calor. –

Nada los complacía, estaban días enteros gritando, peleando entre ellos, pidiendo comer a cada rato, varias veces me golpearon, me insultaban, e intentaban juegos sangrientos conmigo, como la noche en que me despertó el puñal que atravesó mi muslo derecho, o la vez que intentaron prenderme fuego en mi cama, el olor a gasolina me despertó justo cuando ellos encendieron un fósforo,  me aterraban mis hijos, estaba todo el día con miedo, ya no deseaba seguir sumergida en el dolor, en las penumbras, en el terror, entonces comencé a pensar en la manera de asesinarlos, intente dejarlos abandonados, los llevé de viaje, los dejé en una vieja catedral, y corrí tan fuerte como pude, pero ellos volvieron al otro día, estaban furiosos y todo empeoro.

Ya no soportaba más sus gritos de ultratumba por la noche, querían dormir conmigo, se pasaban en la madrugada a mi cama y debía de susurrarles canciones para que se durmieran, nunca dormían, con tan solo escucharlos respirar me desquiciaba, entonces les di unos fuertes tranquilizantes en la cena, esperé que se durmieran, les cante viejas canciones de cuna, les leí varios cuentos, tardaron tres largas horas en dormirse plácidamente, después de haberlos acunado como si fueran bebes a uno por uno, al fin se durmieron, entonces  y los apuñale, ahora en mi casa reina el silencio, ahora los demonios no me harán más daño, ahora podré dormir al fin.

Esta es la carta que escribí aquella noche, ellos me obligan a leerla en voz alta cada día, para que recuerde que no morirán jamás,  el porqué había yo asesinado a mis hijos, creí que podría contra mis tres demonios, pero me equivoque, que estúpida fui, la leo con gran vergüenza,  ellos aparentaron haber muerto, solo dos hora de silencio gané al cortas sus cuellos, ellos nacieron y vinieron a quedarse en este mundo,  mis hijos volvieron a la vida o nunca murieron, aún no lo sé, solo recuerdo que me encontraba felizmente fumando mi cigarro en el silencio de una noche hermosa, cuando de repente en la oscuridad iluminados apenas por la luz de la luna que ingresaba por la ventana, mis hijos aparecieron y los tres juntos como un coro de ángeles del infierno exclamaron sonriendo – ¡Mami! Perdiste en corta y sangra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Las Niñas del Río”

“Las Niñas del Río”

Historias de Fantasmas

Una leyenda Urbana

(Escrita por L.C.D)

 Cuenta la leyenda que había que una niña de 16 años llamada Clara, pasaba sus días sumida en una profunda tristeza, nunca deseaba hablar, en ocasiones se hamacaba por horas en el jardín mirando hacia la nada, Clara era diferente, vivía hacia unos meses en un hospital para enfermos mentales. Esta niña padecía depresión, antes era una chica inteligente, divertida, buena conversadora, se la podía ver con su hermana o con sus amigas, jugando a la rayuela saltando la soga, antes había sido como cualquier otra chica ¡feliz!. Nadie se explicaba porque estaba ahí, mucho menos porque era una niña tan triste. Sus padres juraban que ella era problemática y que hacía cosas muy raras desde la muerte de su hermana gemela quien había muerto ahogada en el río cerca de su casa donde solían jugar las niñas, lo que nadie entendía era porque Sara la gemela de Clara había sido asesinada, su cadáver fue hallado en el río, apareció flotando una tarde de invierno con una cuerda que rodeaba su cuello. Desde entonces que Clara no era la misma, le faltaba su mitad, cuentan que pasaba todo el día caminando por la orilla del río, como si buscara algo, y siempre regresaba a las seis de la tarde, la hora en la que fue encontrado el cadáver de su hermana, sus extraños comportamientos, sus pesadillas y sus intentos de suicidio, habían llevado a sus padres al límite de tener que dejarla en el hospital psiquiátrico, tenían miedo por su vida.

Clara llevaba unos meses en el manicomio, siempre en las noches despertaba sudada y gritando que tenía frío, o decía que las voces la despertaban, los médicos querían que mejorara de su depresión, pero ella no colaboraba, sus padres no querían que la dieran de alta, porque decían que el día 17 de julio fecha en que fue asesinada su gemela, la chica siempre se comportaba como si estuviera poseída, se lastimaba con cualquier objeto, gritaba y lloraba por sí.

Llegó el día 17 de julio y Clara empezó a hacer cosas raras, decía frases sin ningún sentido se acercaba a los médicos y les gritaba “tengo que atarla esta maldita… dice que tiene frío…se siente sola… esta en un lugar oscuro”… los médicos la llevaron a su habitación, y le inyectaron calmantes, cuando por fin creían que se había dormido, salieron a llamar a sus padres.

Cuentan que cuando llegaron los padres de Clara, la chica al parecer se había despertado, con la ayuda de su cama trabó las puertas de su habitación, cuando los padres y el personal del hospital lograron ingresar a su habitación, notaron marcas en piso, eran de sangre y agua, parecían muchas pisadas como si alguien hubiera caminado muchas veces por el cuarto con los pies mojados y ensangrentados, al entrar al baño, encontraron el cuerpo de su hija, con lágrimas de sangre en los ojos, ahorcada y en la pared habían escrito con sangre las siguientes frase ” me asesinaste y morirás conmigo, ya no estaré sola”.

Al tiempo se descubrió mediante el diario de la chica, el que estaba escondido en su alcoba, que Clara podía tener contacto con Sara, su hermana gemela, al parecer cada 17 de julio ésta intentaba matarla, hasta que ese mismo día lo consiguió, Clara era atormentada por el espíritu de su hermana gemela que la incitaba a lastimarse, hasta que logró ingresar en su cuerpo para cobrar venganza.

Cuentan que los padres quedaron con una pena muy grande, eran sus únicas hijas, y entre ella se asesinaron por competir por el amor de sus padres y cada noche antes de acostarse van a la habitación de las niñas a darles las buenas noches, porque según ellos las gemelas a veces aparecen amarradas del cuello compartiendo la misma cuerda, sin dejar de decir que tienen frío y que están en un lugar oscuro, también se dice que se las puede ver pasear de la mano, todos los días a la misma hora, a las seis de la tarde la hora en la que ambas fueron asesinadas.

 

 

“Eleonora” Cuentos de Terror

“Eleonora” Cuentos de Terror

Hospital psiquiátrico de la ciudad de Buenos Aires. Viernes 6 de noviembre de 1934.

 

El oficial de guardia escuchó los gritos aterradores de un hombre, levantó el teléfono,

– Doctor el paciente aislado grita otra vez.- Dijo y colgó el tubo.

El oficial y el médico atravesaron los amplios pasillos hasta llegar al sector de enfermos incurables, abrieron la puerta, el hombre gritaba arrodillado junto a la ventana con las manos ensangrentadas y la mirada perdida en el patio del fondo. El doctor se acercó lentamente puesto que este hombre tenía un trozo de vidrio a un costado.

– ¡Otra vez!.. ¿De dónde saca los vidrios?- Preguntó el doctor.

Él desesperado se abrazó a sus piernas, lloraba ya casi sin lágrimas.

– Es ella doctor… es ella… lo juro… – Repitió llorando; lo recostaron en la cama.

– Tranquilícese o voy a tener que sedarlo, no deja dormir al resto de los pacientes. – Dijo el médico y cerraron su puerta.

Con las manos vendadas limpió sus lágrimas, el viento soplaba por entre los vidrios rotos, el hombre miraba por la ventana hacía el patio del fondo del hospital, el sonido que producían las ramas secas de los torcidos árboles lo hacía  sobresaltar en la cama, temblaba, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, se cubrió la cabeza con la sabana, oyó que la ventana se abría lentamente produciendo un ruido crudo, después unos pasos que se arrastraban.

– ¡Eleonora déjame en paz!.. – Exclamó.

Luego volvió a gritar perturbando el descanso de todos los pacientes.

 

Primavera de 1931

 

Era una tarde cálida, caminaba por las calles de su barrio  de regreso  a su casa, el médico le había recomendado que lo hiciera todos los días por la medicación que tomaba, pero aquella mañana olvido tomar las  pastillas, siempre las dejaba sobre la mesa de luz, todos los días salía a caminar hasta la plaza, alimentaba a las palomas y veía a los niños jugar, después tomaba un té con limón en el mismo bar siempre, frente al cementerio donde cada día le dejaba una rosa blanca a su padre.  Se detuvo en una esquina porque le falto el aire; pensó felizmente en Francisco, su esposo; por la noche festejarían su aniversario, Eleonora sufría graves problemas cardíacos desde la niñez, era muy delgada, tenía la típica palidez de las personas cuando están enfermas y unas ojeras muy marcadas, nunca había practicado ningún deporte por ende su fragilidad era notable.

Ella y su esposo crearon un mundo de armonía para cuidar su frágil corazón, con sus treinta y cuatro años era dueña de una gran fortuna; heredada al morir su padre, siendo ella una niña, su madre se había vuelto a casar y tenía una hermana  menor a quien adoraba, Clara de veinticinco años era su mejor amiga, Eleonora deseaba ser madre, estaban iniciando los trámites para adoptar un bebé ya que ella no podía tenerlos. Agitada y temblorosa, llegó a la puerta de su casa, tomó las llaves de la cartera pero al notar que la puerta principal estaba entreabierta se le cayeron de las manos; se quitó muy despacio los zapatos e ingresó a su hogar, todo estaba oscuro, por unos segundos se quedó tiesa, luego reaccionó al escuchar ruidos que provenían de los cuartos de arriba; caminó dos pasos en dirección a la escalera, dudó en subir, quizás había un intruso en la casa, un ladrón , se asustó al recordar que su marido ya debía haber llegado y pensó que alguien podría hacerle daño.

Con los pies desnudos subió lentamente los escalones ayudándose con la baranda,  su cuerpo no dejaba de temblar, sus ojos verdes bien abiertos no parpadeaban, al llegar a lo alto se sobresaltó al ver su imagen en el espejo ubicado al fondo del pasillo; lo que escuchaba de abajo eran fuertes gemidos que se originaban en su cuarto matrimonial, con la punta de sus dedos empujó la puerta; parada bajo el umbral de su puerta los ojos de Eleonora vieron lo que jamás hubiese imaginado, Francisco estaba teniendo relaciones sexuales con su hermana menor, Clara sonrió al verla, prosiguieron como si no los hubiera descubierto, Eleonora cayó de rodillas al suelo, cubrió sus oídos.

– Yo puedo darle hijos. – Dijo Clara su hermana.

Los gritos y los golpes de la cama contra la pared desesperaron a Eleonora, lloraba en el piso destruida, comenzó a arrastrarse intentando llegar a la mesa de luz donde yacían sus píldoras para el corazón, en ellas encontraba las ansias de tener un poco más de vida junto a su esposo. Lo que veía y oía estaba matándola, cuando sus blancas y flacas manos llegaron al frasco Clara se lo quitó.

– ¡Muerte de una vez! – Exclamó furiosa.

Eleonora boca arriba vio sus rostros girar en su cabeza, se reían de ella, quien presionaba su pecho con ambas manos,

– Ayu… ayuden…ayúdenme… – Suplicó Eleonora.

– ¡Lo siento cariño! Pero es mejor así, debes morir. – Dijo Francisco.

– Tu padre rico debe haberte comprado un lindo paraíso, no me mires así, sólo eres mi media hermana.- Dijo Clara.

Eleonora comenzó nuevamente arrastrarse por el suelo lentamente hacia la puerta del  baño, pensando en que en el botiquín estaban sus píldoras, la risa de Clara se escuchaba como ecos, se dio vuelta, ellos se acercaron para observarla, Eleonora expiró.

– Esperemos un poco antes de llamar a la ambulancia. –  Fue lo último que escuchó.

 

La velaron esa misma noche, su cuerpo delgado en el féretro se asemejaba a una muñeca de porcelana, su madre no se movió de su lado durante toda la noche, acariciaba su negro cabello;  estuvo ahí cuando Francisco se acercó llorando con un aparente hondo dolor, y dejó sobre sus frías y duras manos, una cadena con un dije en forma de corazón que llevaba grabada la siguiente leyenda “Eleonora y Francisco por siempre”; había sido el último regalo de cumpleaños, después besó sus rígidos labios. Antes que cerraran el cajón, su madre besó la frente de Eleonora dejando caer sin darse cuenta, lágrimas sobre el rostro de su hija.

– ¡Mi niña!.. Mi hija…  Si alguien causo tu muerte… ¡Eleonora vuelve a vengarte!- Exclamó a aquel oído muerto.

 

Dos semanas después del entierro la lluvia no cesaba ni por un instante, Francisco y Clara se encontraban a escondidas, la idea era cobrar una parte de la herencia de Eleonora y fugarse juntos; se hallaban en la cama matrimonial, aquella que semanas atrás había confortado a Eleonora.

  • Sólo nos queda matar a mi madre, creerán que se suicidó, muchas madres se ahorcan después de la muerte de algún hijo…Eleonora era su hija favorita. – Dijo Clara.
  • ¿Estás segura de eso? Ella es tu madre.- Preguntó Francisco.
  • ¡Sí! La quiero muerta y enterrada como mi hermana Eleonora.- Respondió Clara.
  • Entonces brindemos por eso… Brindemos porque salió todo bien, por la herencia de tu hermana mi difunta esposa. – Dijo Francisco.
  • ¡Sí!… porque la maldita murió al fin. – contestó Clara felizmente.

 

Justo en el preciso instante en que las copas chocaron, el cuerpo enterrado de Eleonora cobró vida, justo en aquel momento, los ojos se abrieron a la venganza, como si el sonido del cristal la hubiese resucitado, el odio, el dolor, el deseo absoluto de venganza, el amor por su madre,  fueron motivos suficientes para que Eleonora regresara de la muerte, sedienta de venganza anhelando su carne caliente. Desesperada rasguñó el cajón, salió de su tumba, recostada en el barro la confusión mental la aturdió, con las uñas abrió sus labios, estaban pegados y cocidos, se arrodilló para leer su lápida,”Amada Esposa. Eleonora Jamás Morirás para mí. 1903-1931”. Se puso de pie, tenía puesto un largo vestido de gasa que traslucían sus senos ya marchitos, su hermoso cabello negro ya no eran como la seda, estaba enmarañado y duro por el barro, su piel casi morada y firme como la roca, su ser sólo estaba lleno de locura y venganza, inclinó la cabeza al cielo, lanzó gritos de horror, y salió del cementerio.

Caminó el mismo recorrido que hacía todas las tardes hasta llegar a su hogar, las calles estaban vacías, observó un instante la plaza vacía, el viento mecía tenuemente las hamacas, siguió su camino,  atravesó el portal de su casa, se detuvo de manera melancólica en sus jazmines, cerró los ojos, veía imágenes de su vida y de su muerte, su casamiento con Francisco, en una tarde soleada y sus risas casi adolescentes de ese día,  aquellos recuerdos vagos se entrelazaban con el rostro de Clara riéndose de ella. En la puerta principal tomó la llave que escondían bajo la maceta, recordó cuando su esposo la recibía alzándola y  besándola dulcemente, ingresó, todo estaba en penumbras, caminó a la escalera donde había ropa de Clara, los relámpagos la iluminaban mientras que subía los escalones con pasos firmes dejando huellas de barro, se reflejó en el espejo del fondo del pasillo, se observó con añoranza, se vio como había sido en vida y como estaba ahora, empujó la puerta e ingresó al cuarto matrimonial.

Parada bajo el umbral de la puerta los miraba, los amantes se sobresaltaron, estaban semidesnudos recostados en la cama.

– Fue su idea Eleonora… fue él y va  a matar a nuestra madre… – gritó Clara al verla.

Francisco la empujó, Clara golpeo su cabeza en la mesa de luz, Eleonora se acercó a ella lentamente, se inclinó, ambas se miraron a los ojos por unos segundos, Eleonora enterró su mano en el pecho de Clara, arrancó salvajemente su corazón, Francisco se quedó mudo mirando como su difunta esposa colocaba la cadena en el cuello de su amante, aquella que le había regalado en su cumpleaños, la que dejó en sus manos cuando estaban velándola “Eleonora y Francisco por siempre” llevaba grabado. Después se acercó a él balbuceando palabras que él no comprendía, sólo temblaba como una hoja, entonces Eleonora escribió con el barro de su vestido en el espejo, “Eleonora Jamás Morirá para Ti” extendió sus manos ensangrentadas para entregarle el corazón de su hermana, le hizo un gesto para que lo tomara, Francisco tomó el corazón de Clara, Eleonora lo miró por largos minutos, luego se marchó.

 

Madrugada, Viernes 6 de noviembre de 1934.

 

El oficial y el médico volvieron a ingresar al cuarto de aislamiento, Francisco gritaba en un rincón con un trozo de vidrio en sus manos recién vendadas, se lo quitaron, tenía el pecho cortado,

– Otra vez escribiendo las paredes, déjela descansar en paz hombre. – Dijo el médico inyectándole un tranquilizante.

– No… Es ella doctor…no estoy loco.- Dijo Francisco. Lo cubrieron con una sabana y salieron cerrando con llave.

Francisco miró como las letras en la pared chorreaban sangre, decía “Eleonora jamás morirá para ti”. Suspiró, sus ojos comenzaban a cerrarse por la droga, lo último que vio fue a ella ingresando lentamente por la ventana, Eleonora lo visitó cada noche hasta el día de su muerte cada vez más putrefacta.

 

 

 

 

 

 

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